ANATOMÍA DE UNA “TRAICIÓN”

¿Leonel Sánchez se fue o lo echaron de  la U?

Por Cristopher Antúnez*

El fútbol sabe de traiciones desde sus inicios. Sin embargo, llama la atención que el paso de uno de los máximos ídolos de los azules a Colo Colo, sea un hecho casi anecdótico y no condenado por la parcialidad azul.

“Centro de Leonel, gol de Campos”: frase acuñada no sólo por los forofos de Universidad de Chile en los sesenta, sino por cualquier amante del deporte rey que reconoce al Ballet Azul como el equipo más poderoso de toda una década y que marcó la historia del fútbol chileno.

Descubierto por el mítico Lucho Tirado, Leonel Sánchez Lineros llegó a la U con apenas 12 años desde San Joaquín, donde sobre canchas de tierras y con pelotas hechas con huaipe, maravillaba a todos los que lo veían jugar en el club Copal, de la Población Chile. Sábado a sábado deslumbraba por su habilidad, rapidez y potente disparo.

Curiosamente, mientras el zurdo de oro llegaba al club de casi toda su vida, Carlos Pilasi –defensor central que tuvo su mejor campaña en 1946, cuando disputó los 29 partidos de los azules en el campeonato chileno–, terminaba su carrera. Veintitantos años más tarde ambos se cruzarían en un episodio que tiene una versión histórica (hasta ahora) no desmentida: Pilasi, siendo presidente del Club Deportivo Universidad de Chile, echó al gran Leonel. Sin embargo, algunas declaraciones del propio jugador, la férrea defensa del fallecido dirigente y nuevos testimonios hacen nacer una nueva teoría.

LA LLEGADA DE UN CRACK

Ya en el club, el diagnóstico de sus entrenadores, año tras año, era el mismo: el delantero Sánchez es un superdotado.

Cinco años después de su arribo, y con apenas 17 primaveras, sus campañas a punta de goles en las cadetes de la U llegaron a los oídos de Jorge Ormos (DT azul del primer equipo de entonces), quien en 1953 se comunicó con Luis Álamos, a cargo de las divisiones inferiores. “Zorro, mándame al zurdo de la primera infantil, llegó su hora”.

Leonel acababa de practicar con su serie en las canchas de Recoleta, un lugar que luego se convertiría en su hogar definitivo. No se alcanzó ni a bañar y partió al estadio Providencia, donde entrenaba el primer equipo. A Ormos le bastó verlo tres días en las prácticas para decidir que debutaría ese mismo fin de semana.

En septiembre de ese año sería el primer partido en el fútbol profesional del histórico puntero izquierdo. La revista oficial de la U definió así el encuentro en que empataron Everton y los azules, en Viña del Mar: “El partido fue muy inferior. De las peores presentaciones que han tenido ambos conjuntos esta temporada. Lo más alentador, el debut del insider de la intermedia Leonel Sánchez, que promete brindar grandes satisfacciones a la hinchada por su chut y la riqueza de sus recursos”.

La carrera del oriundo de Recoleta fue meteórica y en 1955 el mismo hombre que lo descubrió jugando partidos de barrio, Luis Tirado, lo llamó a la Selección Nacional, haciéndolo debutar, ni más ni menos, que frente a Brasil en el Estadio Maracaná.

Justamente en ese año comienza la gran idea del presidente del Club Deportivo, el recordado Doctor Víctor Sierra.

El facultativo elaboró un plan innovador, revolucionario para su época, que consistía en trabajar un plantel de jugadores jóvenes con un equipo multidisciplinario, donde habría asistentes sociales, sicólogos, médicos, kinesiólogos, nutricionistas y un complejo ad-hoc para el desarrollo futbolístico de estos muchachos. Contaba con grandes formadores como Luis Álamos, Washington Urrutia, Hernán Carrasco y José “Pepe” Ruiz.

José Maria Navasal escribiría en la revista Estadio: “Este ideal del deportista universitario, limpio, sano, fuerte, es lo que buscan el doctor Sierra y sus colaboradores. Sus ideas se pueden resumir en una frase: si uno forma campeones, es muy posible que no resulten hombres buenos; pero si se forman hombres buenos, es casi seguro que resultarán campeones”.

Navasal fue visionario en su crónica. Aquel plan inédito se trazó con la idea de crear un equipo campeón en 10 años, pero todo se adelantó. En 1959 la U le ganó en la última fecha al puntero Colo Colo, quedando igualados en la tabla de posiciones. El 11 de noviembre de 1959, la escuadra estudiantil hizo historia cuando le arrebató el título al Cacique en la gran final, al ganarle por dos a uno, con anotaciones del argentino Ernesto “La Vieja” Álvarez y Leonel Sánchez. Era el segundo título de la historia azul, a diecinueve años del primero.

El técnico campeón, Luis Álamos, afirmó con emoción, una vez finalizado el encuentro: “Ganó el fútbol que viene”. A partir de ese momento, la solidez de Astorga, la rapidez de Eyzaguirre, la fiereza de los defensores, Pluto Contreras y el Beto Donoso, la potencia de Sergio Navarro, el liderazgo de Braulio Musso, la elegancia de Ernesto Álvarez, la brillantez y los siete pulmones de Rubén Marcos, el sello goleador de Campos y el talento de un extraordinario Leonel, forjaron la leyenda del Ballet Azul. Para muchos, el mejor equipo de la historia del fútbol chileno. Incluso el recambio fue generoso: aparecieron Alberto Quintano y Pedro Araya, y llegaron otros como Guillermo Yávar y Jorge Américo Spedalleti.

LA MEZCLA PERFECTA ENTRE ALEXIS Y VIDAL

Don Leo, como le dicen ahora, siempre brilló con luces propias. Era, y se creía, el mejor, y todos lo trataban como tal. Carlos Campos, su eterno compañero en el ataque azul, no tiene dudas a la hora de ser consultado por el mejor jugador que vistió la camiseta de Universidad de Chile: “Leonel. No habrá ninguno mejor que él, era extraordinario”.

Luego de ser el mejor jugador chileno de la Copa del Mundo celebrada en nuestro país en 1962, donde además se dio el lujo de ser goleador del certamen al marcar cuatro goles (uno inolvidable al portero Yashin, la Araña Negra de la Unión Soviética, en el Estadio El Morro de Arica), Sánchez pasó a tener otro status. Era un ídolo nacional, un verdadero rockstar.

Fue uno de los primeros deportistas en grabar publicidad para marcas comerciales. Además tuvo un pequeño paso por un programa radial comentando música. Las mujeres lo perseguían y, en más de una ocasión, apareció en las revistas de farándula junto a otros futbolistas visitando el afamado “Bim Bam Bum”.

Leonel tenía un carácter fuerte y así lo demostró en un clásico contra Universidad Católica en 1960, cuando le dio un puñetazo al argentino Juan Nakwacki, quien rodó por las escaleras rumbo a camarines. Sería el ensayo general de algo que lo hizo conocido en todo el planeta: en el Mundial disputado en Chile dejó en el piso al italiano David luego de un certero cross de zurda. El delantero era hijo de boxeador, se había defendido muchas veces en el barrio y, aunque no era agresivo, no era recomendable “meterse con él”.

En 1963, Sánchez estuvo a punto de fichar por el poderoso Milan de Italia. De hecho, viajó y jugó un par de amistoso con los rojinegros. Sin embargo, el pase se cayó y de vuelta en Chile le costó recuperar su nivel, pero con el paso de los partidos lo consiguió.

En el camarín azul, Leonel mandaba. Esto provocó conflictos con varios compañeros. Y hay una historia jamás revelada sobre esto. Hasta ahora.

A principios de 1967, en un partido amistoso, los azules se formaron en la mitad de la cancha. De pronto, Leonel se acercó a Braulio Musso: “Viejo, ven que los dirigentes te van a entregar una plaqueta por tu despedida”. Enojado, el capitán azul le respondió: “¿De qué despedida me estás hablando, huevón?”. Leonel insistió: “Ya po, Braulio, es hora del retiro. Es mejor que sea ahora y no después”. Esta invitación causó la ira de uno de los jugadores más queridos en la historia de Universidad de Chile, quien muy serio enfrentó al zurdo y le dijo con voz fuerte y golpeada: “Yo decidiré cuándo me retiro. No tú”.

Musso estuvo casi toda la temporada en la banca, jugando apenas 270 minutos. Pero se retiró campeón y cuando él quiso, luego de largos 16 años con la camiseta azul.

Otra cosa que se le achaca a Leonel es querer jubilar anticipadamente a su socio en delantera: Carlos Campos. Consultado al respecto, el Tanque prefirió guardar silencio, aunque no negó la acusación.

Leonel en más de una ocasión criticó el estado físico de Campos, a quien trataba de gordo y decía que no cuidaba su peso. Varios compañeros escucharon al zurdo presionar al Conejo Scopelli primero y a Ulises Ramos después, para que llegara un reemplazo del máximo goleador en la historia azul. En una charla antes de un partido, el Muñeco Coll encaró a Sánchez por “falta de códigos”.

Los azules se concentraban en el Cajón del Maipo. En esas paredes “se escuchaba todo”, relata un jugador de los ochenta que alcanzó a conocer el complejo de Las Vertientes.

El reemplazo, en todo caso, fue natural para el Tanque. En 1969 llegó Jorge Américo Spedaletti y el propio Campos lo miró detenidamente en sus primeros entrenamientos y pensó: “Hasta acá no más llegué”. Su salida de la U sería voluntaria. Decidió retirarse sin vestir otra camiseta.

¿SE FUE O LO ECHARON?

El año 1969 fue la última estrella del Ballet Azul y, a su vez, la última temporada de la dupla de oro: Leonel Sánchez y Carlos Campos. El zurdo apenas jugó 468 minutos; el centrodelantero, 495. Campos hizo cuatro goles; Sánchez, ninguno.

A principios de 1970, Carlos Pilasi, jugador profesional de la década de los cuarenta, ingeniero civil de la Universidad de Chile y dirigente de varias ramas deportivas hasta ser presidente del fútbol, era el máximo dirigente del Club Deportivo.

Una reunión sostenida a principios de 1970 entre Pilasi y Leonel desencadenó la salida del zurdo de oro luego de 21 años. No sólo eso: el histórico delantero del Ballet Azul cruzó la calle y terminó jugando por Colo Colo.

Si se hace una encuesta entre 100 hinchas de la U y se les consulta “¿por qué Leonel jugó en el archirrival?”, 90 dirán “porque lo echaron”. Otros 10 quizás responderán que “no era clásico, así que da igual”.

Se asume que Leonel Sánchez fue despedido de Universidad de Chile y, con su corazón roto y lleno de despecho, buscó a Colo Colo. Carlos Pilasi se transformó en el verdugo, en un personaje odiado por la parcialidad azul.

“Yo creo que ese fue el día que más lloré en mi vida, porque fue una sorpresa para mí. Sufrí mucho, si yo llegué a los 11 años. Toda una vida en el club”, le confesó el zurdo al periodista Guillermo Acuña González para su libro Ballet Azul, de Editorial Forja (2016).

La tesis del despido o “éxito, que le vaya muy bien”, no es ni siquiera la más aceptada por el mundo del fútbol: es la única. Intentar investigar, desmentir, recabar otros antecedentes o crear otra tesis es casi una herejía en el mundo azul, sobre todo teniendo en cuenta que, hasta la irrupción de Marcelo Salas, Leonel era el jugador más importante de la historia de Universidad de Chile. Esa pequeña “manchita” había que esconderla como fuera.

En los tiempos modernos, después de Google, está Wikipedia. Algo así como el resumen de los libros largos. Esta popular página web dice, respecto a la salida de Leonel, que “en 1969 Leonel Sánchez, considerado uno los más grandes jugadores que han vestido la camiseta de Universidad de Chile y de la Selección Chilena, se marcha de la U debido a que Héctor Pilassi (sic), presidente del club en esa época, lo despidió del equipo de sus amores. Más adelante, teniendo el pase en su poder, ingresa a las filas de Colo-Colo, conjunto en el que conquistaba un nuevo título nacional en 1970”.

Tanto le han preguntado a Sánchez por este tema, que no es raro encontrar situaciones contradictorias en sus mismas declaraciones.

Revisemos:

En una entrevista concedida en Viña del Mar, a propósito de un premio que le otorgó la municipalidad, se defendió con respecto a la palabra traición: “Soy profesional. De la U me echó el presidente Héctor Pilassi (sic), quería que firmara contrato antes de pagarme el año 70. Yo tenía contrato por dos años más en la U. Soy profesional. ¿Cuántos han jugado en los dos clubes? Muchos, tú sabes. No fui traidor, me fui por ese dirigente. Muchos jugaron por los dos. En el Colo estaba de técnico Cuacuá Hormazábal, quien me pidió de refuerzo para una gira a Bolivia. Volvimos a Santiago y firmé. Cuacuá dirigió las tres pri Francisco Hormazábal”, explicó Sánchez.

Felipe Pumarino (puntero fantasma) en su blog de Radio Futuro señala: “A fines de 1969, Carlos Pilassi (sic), presidente de la Junta Ejecutiva de la U de Chile, le había ofrecido al veterano delantero regalarle su pase para que se fuera a donde quisiera”. Así, tal cual. Empecinado en rejuvenecer el camarín, el DT Ulises Ramos había decidido que lo más sencillo era jubilar a los viejos cracks del Ballet Azul. ¿Razones? “Cuestiones de edad, de agilización de los planes tácticos, por darle mayor velocidad al ataque”, explicaba el entrenador. Liberar al gran emblema azul era un “premio por los servicios prestados”. Mejor sería que se retirara y asumiera como entrenador de cadetes, sugirió. Sin embargo, a sus 33 años Leonel sentía que le quedaba cuerda: “Cuando juegue el próximo año por otro club, van a ver ese señor Ramos y el caballero Pilassi. Apenas llegó el nuevo entrenador me sacó del equipo. La misma suerte corrieron el Pluto Contreras y Carlitos Campos. Creen que dándome el pase en blanco me van a consolar. No es tan fácil la cosa. Me interesa jugar. No me explicaré nunca esa actitud que tienen hacia mí”.

Edgardo Marín, prestigioso periodista e historiador, hoy en Radio Cooperativa, en más de una ocasión en sus columnas de El Mercurio se refirió al tema, adhiriendo a la versión de Leonel. Lo que no sabía Marín es que, a diferencia de todo lo que se ha escrito al respecto, sus palabras terminarían por cansar a la familia Pilasi, que por primera vez salió a defender el nombre de Carlos, el patriarca.

El martes 24 de enero de 2012, en la sección cartas de la referida publicación, aparece la siguiente misiva, enviada por Matías Pilasi: “En relación a la columna escrita por don Edgardo Marín el miércoles 18 de enero referente a los futbolistas que han jugado por amor a la camiseta, debo aclarar que existe un error en su comentario que dice que a Leonel Sánchez lo echaron de la U. Eso no es así, ya que en 1969 Leonel terminaba contrato y no llegó a acuerdo para su renovación. Eso es distinto a ser echado. A partir de eso, él decide tomar una oferta de Colo Colo.

Hago esta observación como nieto de don Carlos Pilasi Moreno, presidente azul en aquel entonces, que en paz descanse. De hecho, él es un gran ejemplo, ya que es, si no el único, una de las pocas personas que jugaron por la Universidad, por el equipo profesional, fue profesional titulado de la Casa de Estudios, y además presidente del club. Incluso, tal como otros jugadores de la época, jugó 10 años sin recibir sueldo; es decir, efectivamente por amor a la camiseta”.

No sólo Matías Pilasi piensa así. Hay jugadores de la época que afirman que a Leonel “jamás lo echaron”. Armando el rompecabezas, leyendo muchas declaraciones y considerando la fuerte personalidad de Sánchez, y a que en más de una ocasión dejó claro que a él le gustaba que se le respetara, no es descabellado pensar que, pese a tener 33 años y no haber convertido en el último campeonato, quería seguir cobrando como estrella y no aceptó la rebaja de sueldo que le propuso Pilasi, considerándolo un despropósito, una cachetada para su trayectoria y su ego. Por lo que abandonó rápidamente esa oficina, dolido claramente, pero nunca despedido. Es más, en 2014 el ex jugador recibió una invitación de Colo Colo para asistir a una cena, y le dijo al diario La Cuarta: “Me tenían que pagar 30 millones y el presidente de esa época no lo hizo. Eso decía mi contrato. Con el sueldo siempre cumplieron. Soy amigo de Salah, pero tengo esa espinita”. Es decir, el respeto a los contratos, el respeto a su valía siempre fue algo muy fuerte en él.

Leonel tenía una oferta para seguir en la U en 1970, pero optó por la posibilidad de jugar unos amistosos por Colo Colo en Bolivia, con lo que cerró las puertas en el club de toda su vida. Su contrato con los albos lo firmó arriba del avión de vuelta.

Lo de Pilasi tenía cierta lógica. El país se enfrentaba a un cambio político importante, el club debía aterrizar su presupuesto y el sueldo de Leonel era elevadísimo. Si en su última temporada había jugado apenas ocho partidos (sin goles), no era un despropósito intentar bajar su sueldo. El dolor que le provocó la postura de la U es algo personal de Leonel Sánchez y es entendible además, pero es inexacto decir que lo despidieron. El despido implica una indemnización, algo que no está registrado en ninguna parte.

Pero sigamos con la defensa del extinto presidente laico. A 46 años de este episodio, Matías Pilasi accede a conversar con De Cabeza.

¿Por qué crees que Leonel acusa a tu abuelo? Es simple, lo dice para que no le saquen en cara que jugó en Colo Colo, y esa defensa sólo comenzó a fines de los noventa, porque además está el tema de que antes no era un clásico, que el clásico era la UC.

¿Tienen bronca con él? A pesar de todo, mi viejo estima mucho a Leonel. Y yo nunca escuché a mi abuelo hablar mal de su persona. Todo lo contrario. Y tengo la idea de que Leonel le comenzó a dar bombo “a que lo echaron” una vez que mi abuelo falleció.

Todo muy raro. Sí, imagínate que yo estuve con Leonel varias veces, mi papá fue dirigente en los ochenta, y nunca nos dijo nada. Yo comencé a escuchar su versión a partir de la fecha que te dije. Da rabia igual, mi abuelo no está para defenderse.

EPÍLOGO

Este reportaje no tiene como objetivo mancillar la persona de Leonel Sánchez Lineros, a quien muchos consideran, con justicia, el mejor jugador de la historia de Universidad de Chile.

He hablado con mucha gente que tuvo la suerte de verlo en la cancha, también compartir camarín, jugar a su lado y hasta enfrentarlo. Todos lo definen como un crack, inigualable y que hoy valdría más que Alexis Sánchez, seguramente.

Pero la teoría de que lo echaron del club, para justificar su presencia en Colo Colo, no termina de concordar con lo que piensan otras personas del asunto.

Hay dos temas en discusión. ¿Lo echaron o se fue?, en ese sentido los hechos descritos indican que la decisión de partir de Universidad de Chile pasó única y exclusivamente por el jugador. Con el tiempo se abrió una nueva arista, puesto que al pasar al archirrival se cuestiona su lealtad a la camiseta de su vida y, en ese punto, la mayoría de los autores y cronistas de la época están contestes en que no era necesario que se justificara, ya que en 1970 la rivalidad estaba lejos de ser lo que es hoy: no había traición en su cambio de camiseta. La memoria de Carlos Pilasi, por otro lado, merece la misma deferencia histórica que se puede tener con el gran ídolo azul.

Para el periodista y escritor, Esteban Abarzúa, el tema de haberse ido a Colo Colo no es relevante puesto que “la rivalidad de la U y Colo Colo, si bien era grande, en 1970 no era la de 1985 y menos la de 1995. Entonces, si hay traición, cosa que deben medir los hinchas azules por sí mismos, el problema no es el destino, sino por qué se fue Leonel de la U. A lo mejor se fue por plata, aunque no estoy en condiciones de afirmarlo”.

El asunto seguirá siendo tema de discusión, y se han entregado elementos de juicio con el objeto de derribar un mito que no empaña en lo más mínimo todo lo que le entregó Leonel a Universidad de Chile.

* Periodista deportivo. Ha trabajado en distintos medios escritos y radiales. Es autor del libro 2011: La historia de un equipo rebelde (Editorial Vamos, 2016).

By | 2017-04-06T09:02:07+00:00 Abril 6th, 2017|Nueva Edición|1 Comment

One Comment

  1. Ramón Flores Abril 26, 2017 at 11:04 - Reply

    Que hermoso leer asi, deben quedar pocos talentos en el periodismo deportivo nacional y nacer aun menos

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