CHARLES, EL OBRERO

Por Vanessa Vargas.

Ese día había usado mi camiseta roja desde la mañana. Creo que tenía la esperanza intacta, pero un nervioso mal humor se había adueñado de mí para hacerme pensar cosas funestas. Caí en la peor superstición futbolera.

Pero el partido en el Maracaná no me dio mucho tiempo para temer. Al minuto de juego, Chile ya había llegado con peligro dos veces al arco. Era cosa de hacerla no más. Y jugábamos tan bonito que unas nubes negras me hicieron pensar que mi corazón no soportaría que eso implicara perder, otra vez. Pero no.

Me equivocaba profundamente. Ahí estuvo Edu Vargas para decirme que eran puras falacias. Un golazo perfecto, después de una recuperación comandada por Alexis y coordinada por Aránguiz. Dije adiós definitivo a mis temores -y malhumores- y transcurrieron unos minutos de goce y profunda alegría.

Pensé que nada podría ser mejor cuando llegó el tiro libre de Alexis Sánchez, el despeje impreciso de Casillas y en segundos, cómo Charles Mariano mira, la para y mete un puntete maravilloso cuando nadie -qué casualidad- se fijaba en él. Apenas alcanzamos a lamentarnos cuando ya estábamos saltando de emoción.

“Hasta ahora ha sido el gol más importante de mi carrera. La jugada fue rápida, me quedó ahí. La verdad es que fue un puntete. No salió del todo bien, pero vale”, dijo Charlito. Tan humilde y sencillo como siempre, no sabe que ese día me dejó sin voz. Que grité a más no poder y reí de felicidad porque sentía que él, después de tanto esfuerzo invisible, merecía vestirse una y otra vez de gloria, que se robaba con justicia el protagonismo de un partido soñado en el Maracaná. Fue un flechazo del que todavía no me recupero.

Ese día confirmé, una vez más, que el fútbol se parece al amor y que Charles Mariano, al contrario de lo que se piensa, no es un príncipe, sino un obrero.

By | 2017-06-16T17:54:39+00:00 Junio 16th, 2017|Nueva Edición|0 Comments

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