EL ÍDOLO DE LA CIUDAD

Palermo, 23 de mayo de 1992

El reloj advierte que restan un par de minutos para las seis de la tarde. La comitiva compuesta por tres Fiat Croma avanza por la autopista A-29 que une el aeropuerto de Punta Raisi con la capital de Sicilia. Desde una pequeña colina cercana Giovanni Brusca observa con sus binoculares como la columna se acerca al punto establecido: el pórtico que señala el desvío hacia la pequeña localidad de Capaci. El juez Giovanni Falcone conduce el segundo vehículo. A su lado se encuentra su esposa, la magistrada Francesca Morvillo, y atrás su chofer, Giuseppe Constanza, quien minutos antes —a petición de Falcone— le había cedido la conducción del vehículo.

Brusca, apodado “el cerdo”, procede con la frialdad que le caracteriza. La detonación de casi media tonelada de TNT oculta bajo el asfalto hace volar por los aires al Fiat marrón que lideraba la comitiva y en el que viajaba parte de la escolta de la pareja. Otros vehículos son alcanzados por la explosión, entre ellos el que conducía Falcone.

Mientras Brusca se aleja de la escena, los servicios de emergencia emprenden camino hacia el lugar. Minutos más tarde lograrán rescatar a los heridos, entre ellos al moribundo juez y su mujer.

Para cumplir los objetivos que tenía en mente, el magistrado palermitano Rocco Chinnici estaba convencido que se requería el concurso de jóvenes, talentosos, incorruptibles y decididos jueces. Ante esa convocatoria, Paolo Borsellino, Giovanni Falcone, entre otros, se unirían a Chinnici dando origen en 1982 al denominado pool antimafia, cuyo objetivo era asestarle un duro e inédito golpe al crimen organizado. Sin embargo, el primer mazazo vendría por parte de la mafia: en julio de 1983 el juez Chinnici sería asesinado a la entrada de su casa —por orden del capo Michele Greco— con el método del coche bomba. A pesar de ello, y lejos de amedrentarse, el grupo sumó nuevos jueces y siguió trabajando. En 1984, Falcone anotó el mayor éxito del pool a la fecha: logró que el importante mafioso Tommaso Buscetta, arrestado en Brasil el año anterior, colaborara con él revelándole la estructura y el funcionamiento de Cosa Nostra (mafia siciliana).

Con la información obtenida por Falcone, el pool lograría asestar el gran golpe: entre febrero de 1986 y enero de 1992, varios centenares de mafiosos y sus colaboradores serían llevados a tribunales en un proceso judicial denominado Maxiprocesso. El saldo sería de 360 condenados que sumaban 2665 años en sentencias más 19 cadenas perpetuas. Lo sucedido era intolerable para la Cosa Nostra. El mismísimo Salvatore Rinna, “Totò” para su círculo de confianza, prófugo de la justicia y jefe de los corleonesi (cúpula de la mafia siciliana cuyos miembros, en su mayoría, provenían del pueblo de Corleone) ordenaría las acciones más letales contra los miembros del pool antimafia.

La noticia del atentado ya circula por Palermo y toda Italia. Hay consternación, rabia e impotencia entre la población palermitana. De manera espontánea, muchas personas comienzan a dejar mensajes, flores y presentes en el gran ficus magnolia situado frente al departamento del juez, en la avenida Emanuele Notarbartolo, en pleno centro de la ciudad. Pronto se confirmará de manera oficial la muerte de Giovanni Falcone, Francesca Morvillo y de tres de sus escoltas, pero ese árbol permanecerá como un sitio de memoria y de peregrinaje para una comunidad desgarrada por las acciones de la mafia.

Estadio Renzo Barbera de Palermo, 30 de septiembre de 2012

No ha sido buen arranque en Serie A para el US Città di Palermo. El cuadro rosanero solo ha obtenido un punto de quince posibles. Pero hoy, frente al Chievo Verona y ante unos doce mil espectadores, tiene una nueva oportunidad para resarcirse de su poco alentador inicio de temporada. Apenas los equipos comienzan a asomarse por la boca del túnel los aficionados locales agitan las banderas que exhiben los colores del club y los de Sicilia para recibir al once capitaneado por el hombre que lleva la número diez, aquel delantero potente, de técnica exquisita y de baja estatura, que ha sido apodado como “el Romario del Salento”: Fabrizio Miccoli.

Corre el minuto 13 y el árbitro sanciona una falta próxima al área del Chievo. Miccoli toma y acomoda el balón. Enseguida, la precisión de su disparo y la potencia de su derechazo se entremezclan para hacer estéril la resistencia del portero. Sin embargo, quince minutos después y propiciada por los yerros del fondo palermitano, el Chievo iguala el partido. El primer tiempo acabaría en esa condición.

Minuto 15 del complemento y Miccoli retoma las banderas del ataque palermitano: recibe el balón cerca del área rival y con una diagonal driblea a la última línea del Chievo para poner un derechazo rasante que le devuelve la ventaja al Palermo. Golazo, pero su ímpetu no da respiro. Minutos después, el pequeño bomber toma el balón cerca del ángulo del córner y encara a los defensores del Chievo casi en línea recta en dirección al área, remata mordido, pero su disparo es contenido a medias por el arquero, sin embargo, el rebote es capturado por su compañero Luigi Giorgi quien marca el tercero. La mayoría de los abrazos no van hacia el autor del gol, van hacia il capitano, porque todos saben que hoy está intratable, confían en él, en su velocidad, en su técnica, en su pierna derecha, en esa que lleva tatuado el rostro del Che Guevara al igual que su ídolo quien lo lleva en el brazo derecho.

Minuto 82 y el balón llega al mediocampo, salta un defensor del Chievo y un atacante del Palermo en su disputa, pero ninguno logra darle la dirección deseada, finalmente le queda a Miccoli quien resuelve de una manera inesperada: le pega de volea a más de 45 metros. El tiro sorprende al portero Sorrentino… Miccoli, Miccooooliiiiiiii… un gol straordinario, Fabrizio Miccoli, ma che fenomeno!, exclama con euforia el relator. El golazo cierra una jornada inolvidable para Fabrizio y los hinchas del Palermo que seguramente han de retornar con la ilusión de levantar cabeza de la mano de su querido e insigne capitán. Por cierto, un joven Paulo Dybala, quien precisamente había debutado en Serie A reemplazando a Miccoli en la fecha 2, lo miraba todo desde el bando de suplentes, seguramente con admiración. “Este ha sido uno de los mejores días de mi carrera”, declaró Miccoli tras el encuentro.

Fabrizio Miccoli arribó al Palermo en 2007 procedente del Benfica. Venía de dos temporadas a buen nivel en el cuadro luso, sin embargo, en la isla de Sicilia comenzaría el romance entre el pequeño delantero nacido en Nardò, pequeña localidad de la región de Salento, y la afición palermitana. Miccoli, a base de talento, liderazgo y capacidad goleadora, despuntaría en el club rosanero. En total, serían seis temporadas en las cuales conquistó 81 goles en 179 partidos (entre Serie A y torneos internacionales) y la devoción de los tifosi locales. El mismo jugador resumiría su relación con la afición palermitana en una entrevista concedida en 2015 con la siguiente frase: “yo en Palermo era como Maradona en Napoli”.

 

Palermo, junio de 2013

“Encontrémonos frente al árbol de esa mierda de Falcone”, exclama Fabrizio.

La frase es parte de una serie de conversaciones telefónicas del año 2010 investigadas por la justicia italiana. En estas operaciones antimafia, se involucraba a Miccoli, precisamente, por su amistad con Mauro Lauricella, hijo de Antonino Lauricella, conocido miembro de Cosa Nostra y jefe de la mafia que controlaba el céntrico barrio palermitano de Kalsa mediante extorsiones contra comerciantes y empresarios.

De hecho, las investigaciones entregarían más datos. Miccoli habría acudido a Mauro Lauricella para que este recuperase el dinero (veinte mil euros) que le adeudaba a su amigo Giorgio Gasparini, un socio que gestionaba una discotheque en Isola delle Femmine, localidad cercana a Palermo. Por otra parte, el jugador habría convencido al administrador de una tienda telefónica para que le entregara algunos chips “limpios”, que luego terminarían en manos de Mauro. También se conoció el contenido de otro audio, en el cual Miccoli advertía a Francesco Guttadauro de la presencia policial en los entrenamientos del Palermo. Guttadauro, es nada menos que nieto del capo di tutti capi (jefe máximo) de la Cosa Nostra, Matteo Messina Denaro, fugitivo desde 1993.

Los hinchas del Palermo están decepcionados. Miccoli, la bandera del club rosanero, ya descendido a Serie B el mes pasado, ha mancillado la memoria del juez Falcone y evidenciado sus estrechos vínculos con la malavita. Si bien, se sabía de su amistad con Mauro Lauricella (quien no tenía antecedentes de acciones ilícitas), sus dichos sobre el juez y emblema de la lucha contra la mafia han remecido la opinión de muchos.

“No duermo hace tres días por todo esto que está pasando, pido disculpas a todos […]. La he descuidado y ahora quiero volver a ser un hombre de familia […]. Fui uno de ustedes, probé ser uno de Palermo […], pido disculpas a todos, asumo la responsabilidad, no soy un mafioso. Mi familia me enseñó los valores de la legalidad”, señalaría entre sollozos Miccoli durante una conferencia de prensa convocada tras conocerse los audios en cuestión.

“Hay amargura porque conozco bien al chico, él es bueno, de corazón, no es un mafioso, pero es un poco tonto”, había declarado el presidente del Palermo, Maurizio Zamparini, un par de días antes. Zamparini, el mismo que meses atrás había señalado: “Miccoli es nuestra bandera y nuestros fundamentos siempre se basan en él. Entiendo que quiere terminar su carrera en Palermo y estaré encantado de ayudarlo”. Finalmente determinó no renovar el contrato del jugador salentino, que expiraba por esos días.

El curso de los acontecimientos llevaría a Miccoli a incorporarse en julio de 2013 a las filas del Lecce en Serie C (tercera categoría del Calcio), equipo del que era hincha confeso. Ya con 34 años, y nombrado capitán ipso facto, marcaría 14 goles en 27 partidos, campaña goleadora que ayudaría al equipo a alcanzar un cupo en la disputa por el ascenso que, finalmente, perdería a manos del Frosinone. En la temporada siguiente las cosas no saldrían bien: el Lecce remataría sexto en su serie quedando fuera de los play-off por ascender. Miccoli solo lograría marcar tres goles en 17 partidos en toda la temporada de Serie C. En diciembre de 2015 decide abandonar su natal Salento para marcharse al Birkirkara FC de Malta. En ese club de la pequeña isla del Mediterráneo, solo jugará seis meses antes de anunciar su retiro del fútbol profesional.

Palermo, 20 de octubre de 2017

Fabrizio Miccoli se presenta en los tribunales de la ciudad. Allí escuchará atentamente la intervención del magistrado Walter Turturici: tres años y medio de cárcel por el delito de extorsión agraviada contra Andrea Graffagnini, gerente de la discotheque Paparazzi. Los abogados del ex futbolista señalarían a la prensa: “Se trata de una sentencia ilógica. El ejecutor material de la extorsión [Mauro Lauricella] fue absuelto y él, el supuesto instigador, ha sido condenado. […] La frase en contra de Giovanni Falcone ha tenido eco mediático. Miccoli dejó su actividad futbolística por esa frase. ¿Tiene que pagar todavía?, leeremos las motivaciones y luego apelaremos”.

Un afectado Fabrizio Miccoli abandona el lugar sin atender los requerimientos de la prensa. “Hoy me voy de Palermo”, se limitó a señalar. Mientras tanto, a unas cuadras de ahí, el árbol de Falcone sigue recibiendo los mensajes y objetos del sentimiento antimafia. Hace algunos años, cuando se conoció la polémica frase de Miccoli, fue depositada a sus pies una camiseta rosa con la leyenda: Giovanni Falcone: il mio capitano!

* Profesor de Historia. Autor y editor independiente de material educativo.

By | 2018-01-12T20:11:24+00:00 Enero 12th, 2018|Nueva Edición|0 Comments

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