EL VUELO DE LOS CÓNDORES

Por Paulo Flores Salinas* 

Santiago, principios de la década de 1990

Cristian se encuentra en una encrucijada. Juega en las inferiores del club Palestino desde hace cinco años, quiere ser futbolista profesional, y desde hace unos días ese objetivo está cada vez más cerca pues, de seguir todo bien y con un poco de suerte, la próxima temporada podría incorporarse a los entrenamientos del primer equipo del elenco árabe. Sin embargo, hay algo que podría atentar contra ese objetivo y que desde hace un tiempo le está provocando un conflicto interno: la forma en que siente y vive su sexualidad.

Silente, pero con cierta angustia, abriga una condición que va a contracorriente del resto de sus compañeros y que podría ser tomada incluso él mismo lo piensa así como incompatible con la práctica del fútbol. La reacción del medio seguramente sería de rechazo… acaso, como decía la gran mayoría, ¿un cola podría ser capaz de jugar fútbol de la misma manera que una persona “normal”? Las cosas han llegado muy lejos, su cabeza no da más, es momento de decidir entre el fútbol o vivir tranquilo sin mayor exposición. La decisión es dolorosa, pero Cristian finalmente considera que es mejor desistir y emprender otro camino.

 Por el simple hecho de jugar

El deseo de practicar fútbol no se abandona. Corre el año 2006 y en las cabezas de un grupo de amigos va y viene la idea de participar en un torneo de fútbol para la comunidad LGBT denominado Campeonato Mundial de Futbol Lésbico Gay a disputarse el año siguiente en Buenos Aires, Argentina. Si bien este tipo de competencias se habían comenzado a disputar en otras latitudes desde hace una década, el grupo consideraba que a nivel nacional era necesario dar un paso más allá. El objetivo siguió tomando fuerza y finalmente se materializó en la creación de Chile Gay Deportes y en la fundación de su rama de fútbol: Cóndores Chile, el primer equipo nacional conformado por homosexuales. Tras la primera experiencia, las participaciones de Cóndores Chile en diversas competencias se hicieron más frecuentes, lo que les permitió consolidar su existencia y seguir trabajando en la idea de generar más espacios deportivos para la comunidad gay local.

Gimnasio José Manuel López, Santiago. Agosto de 2017

Se juega una nueva fecha del Torneo Power Interbarrios, de fútbol sala, en la comuna de Santiago Al entrar al recinto observo las arengas respectivas de los equipos que están por enfrentarse. He llegado sobre la hora, por lo que me acerco a un espectador y le consulto para confirmar los nombres de los equipos que ya comienzan a disputar el compromiso. Efectivamente, ya juegan Cóndores Chile y Andalucía.

Primeros minutos: el trámite del partido es parejo y con bastantes llegadas, muy entretenido. Sin embargo, Andalucía que viste de verde y blancorompe el equilibrio al abrir la cuenta en el minuto 18. A continuación, el juego se vuelve algo trabado y comienzan a aflorar algunos encontronazos. Precisamente, en una confusa situación, un jugador de Cóndores en respuesta a una agresión previa–  va muy fuerte abajo contra un rival desatando el enojo de los andaluces, que piden de inmediato la tarjeta roja. La situación queda eventualmente saldada con un par de tarjetas amarillas, pero algunos suplentes e hinchas del Andalucía reaccionan en contra del árbitro y la situación se vuelve tensa. Un par de tipos que intuyo pertenecen a la organización del campeonato se encargan de retirar a uno de los jugadores de alternativa del Andalucía. El encuentro se reinicia entre gritos y algunos insultos desde un sector de la barra. A los pocos minutos se produce una falta a la entrada del área del Andalucía y la opción de pelota detenida es aprovechada por uno de los cóndores, que empata el juego con un derechazo. La situación vuelve a tensionarse. Sin embargo, hay más jugadores de ambos cuadros– preocupados de calmar las cosas que de precipitarlas hacia una pelea. Tras varias amarillas y muchas advertencias arbitrales, y casi como una tregua, el fin del primer tiempo se sanciona en un momento en que viene bien un poco de paños fríos.

La segunda etapa se inicia con ambos equipos ansiosos por romper el empate, y las ocasiones se dan en las dos áreas. Varios remates a distancia ponen a prueban a los arqueros, una que otra desaplicación defensiva alimenta fugazmente las esperanzas de los delanteros, y un par de desventuras ofensivas le dan una mano a los requeridos defensores. Aparentemente, la tensión por los incidentes del primer tiempo ha quedado atrás y ya no condiciona el trámite del juego. El equilibrio se rompe nuevamente, tras una falla de la zaga de Cóndores que capitaliza el ataque del Andalucía: gol y ventaja. Aprovechando el golpe, el equipo albiverde se va encima de los cóndores y en los últimos minutos marca tres veces más. El final del partido no esconde la tensión vivida: breves saludos protocolares y manifestaciones de enojo lanzadas al aire por algunos jugadores de Cóndores marcan el malogrado desenlace.

Desde el borde de la cancha, Cristian (43) anima a sus compañeros. Ha sido un partido de trámite confuso, por eso varios de sus muchachos no concilian la derrota. Pero también fue, sin duda, un partido entretenido, quizás como cualquier otro que se pueda estar jugando en otra parte a la misma hora.

“Más que un club”

 Cristian estuvo en el grupo de quienes fundaron el club hace más de una década. Ha visto pasar a mucha gente por la institución, que hoy cuenta con casi una treintena de jugadores. Los Cóndores son representados en distintas competencias de fútbol sala, futbolito y fútbol. Además, ha sido testigo de cómo los objetivos han ido evolucionando. Por ello, cuando le pregunto por el propósito con que se creó Cóndores Chile, me señala que la meta original fue de crear un equipo para recibir a aquellos que deseaban practicar fútbol y que, por su gestualidad, no pasaban piola, por lo que eran objeto de discriminación. Es así como el simple hecho de jugar fútbol sin miedo a las burlas y/o a los actos discriminatorios se transformó en el propósito fundamental del club. “Este lugar nació para ellos”, añade Cristian. Sin embargo, en la actualidad los objetivos han crecido a la par de la institución, que ya no solo se concibe como un refugio para los gais que quieren jugar fútbol, sino también como espacio de lucha y reivindicación de diversas minorías.

Hace dos años, Daniel (35) estaba en busca de un equipo que le permitiera jugar al fútbol. En esas circunstancias se encontró con Cristian y Cóndores Chile. “Llegué acá para jugar, con gente que fuera igual que yo nomás y con la que pudiera reír tranquilo, sin preocuparme de lo que dirá el del lado”, me expresa con convicción. Le pregunto sobre su experiencia y metas con el club y me cuenta que su lucha, y la de Cóndores, es por la igualdad y contra el extendido prejuicio que señala que una persona homosexual no puede practicar este deporte. Por otra parte, reconoce especialmente que la labor educativa y social del club le ha ayudado a empoderarse frente a la sociedad, permitiéndole “pararse frente a cualquier persona, debatir y explicar mi punto de vista”.

Michael (35) siempre ha jugado fútbol. Sin embargo, cuando comenzó a tomar conciencia de su orientación sexual decidió buscar un espacio donde refugiarse y practicarlo. Lleva más de diez años en Cóndores Chile y actualmente es jugador, capitán del equipo y dirigente. Enfatiza que el club es su “segunda familia” y que la importancia de este radica, en parte, en que implica una forma de lucha social clave en el ámbito LGBT. Por otra parte, reconoce que el fútbol es su gran pasión y que en Cóndores, “más allá de ser campeón, de ganar todos los partidos, de hacer goles… lo que me interesa es mantener un lugar donde la gente puede ir a hacer deportes, a encontrar las amistades que yo encontré, a desenvolverse, a ser uno mismo, sin esconderse”, sentencia el capitán.

William (26) es venezolano. Lleva un año y medio en Cóndores y se desempeña como jugador, aunque señala que se considera “un integrante que trata de aportar en lo deportivo y colaborar en lo que haga falta”. William dice que le gusta “lo organizado del equipo, la seriedad con que enfrentan los retos y el nivel de compromiso”, y a su vez complementa: “Cóndores es un compromiso, una responsabilidad y un reto a seguir creciendo como organización”. Al igual que Michael, Cóndores le significa a William un soporte emocional y afectivo: “como extranjero y siendo obligado a dejar a mi familia atrás, he encontrado en Cóndores un apoyo incondicional, al punto de considerar al club como una familia”. Cree que el club debe “crecer en todos los aspectos, tanto en lo deportivo como a nivel de organización y que cada vez seamos más reconocidos a nivel nacional como internacional”. Finalmente, le pregunto cómo evalúa las respuestas de la sociedad chilena a los desafíos de la integración e inclusión, y sostiene que “en general, pienso que la respuesta de la sociedad chilena hacia la organización ha sido positiva. Como migrante he sentido apoyo y la inclusión al equipo, ya que no se trata solo de un equipo de diversidad sino multicultural, donde todos somos tratados con el mismo respeto y afecto”.

Hoy en día, uno de los grandes objetivos de Cóndores Chile es obtener un espacio físico propio, fundamentalmente una cancha y una sede. Sin embargo, saben que como club amateur las dificultades económicas son importantes, aunque eso no les quita la posibilidad de proyectarse como institución deportiva y social. Cristian, y los otros entrevistados, ponen el énfasis en esto último, pues más allá de los resultados que han obtenido y los que puedan obtener, la meta del club es seguir abriendo espacios para aquellas minorías que, de distintas maneras, parte de la comunidad deportiva –y la sociedad en general– trata de invisibilizar. En este sentido, en nombre del club se realizan distintas intervenciones sociales hacia la comunidad, como charlas, capacitaciones, apoyo psicológico, entre otras. Los resultados logrados por Cóndores Chile fuera de la cancha son magníficos: en sus filas comparten homosexuales, heterosexuales, bisexuales, transexuales, chilenos y extranjeros, un logro de inclusión que pocas instituciones pueden ostentar.

Las personas que llegan a Cóndores Chile, de alguna manera, se acercan buscando refugio, tranquilidad y un espacio en donde practicar fútbol, pero terminan convencidos de que el club les permite generar más que una comunidad con intereses en común, sino también una ayuda para superar los problemas de autoestima, la soledad y la impotencia que generan las distintas formas de discriminación.

“Con la madurez que tengo ahora, tengo claro que podría haber hecho las dos cosas sin ningún problema, pero en ese momento no era así… la cabeza no me daba para pensar que podía manejar ambas cosas… sabía que era gay y no iba a poder jugar a la pelota… en ese momento lo pensaba así”, sentencia Cristian, a más de veinticinco años de su decisión de dejar las inferiores de Palestino, y con la tranquilidad que le ha entregado el tiempo, su participación en Cóndores y el mismo juego que en algún momento lo enfrentó con sus propios miedos. Sin duda que el camino que decidió abandonar en aquella ocasión lo volvió a recorrer, esta vez sin el deseo de alcanzar el profesionalismo, solo con las ganas de jugar y de luchar contra los prejuicios.

* Profesor de Historia. Autor y editor independiente de material educativo.

By | 2017-11-12T10:46:05+00:00 Noviembre 10th, 2017|Nueva Edición|0 Comments

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