KEVIN CORRE

Por Cristóbal Correa E.*

Cali, Colombia, 7:30 A.M. 4 de julio de 2014.

La ciudad despierta y el calor no cede mientras cientos de niños se acumulan en los paraderos para llegar a la escuela antes que toque el timbre. Es viernes y todos quieren que la mañana pase rápido para sentarse frente al televisor y ver a la Selección Colombia jugar contra Brasil por los cuartos de final de la Copa del Mundo. En ese paradero todos sueñan con ser James, Cuadrado u Ospina. La vida no es fácil en Cali, el trabajo escasea y las calles son cada día más peligrosas por lo que la gran actuación de Colombia en el torneo se ha transformado en un escape hacia un mundo de sueños donde gracias al fútbol todo es posible, incluso llegar a la semifinal del Mundial, eliminando al dueño de casa.

El calor aumenta a medida que el sol se empina por sobre el cielo caleño. Aquí no se conoce el frío y el invierno es una mera referencia en el calendario. La temperatura seguirá subiendo y alcanzará su máximo cuando, en cosa de horas, James convierta de penal para poner a Colombia nuevamente en juego, a falta de diez minutos para el final.

Los Andes, Chile, 7:55 A.M. 4 de julio de 2014.

Kevin corre para escapar del frío y entrar a la sala antes que toquen la campana. Su ropa huele a humo como casi todo el resto de la ciudad. La sala del 5to básico del Liceo República Argentina debe ser la más húmeda de un edificio en donde estudian cientos de alumnos, muchos de ellos extranjeros.

Rápidamente el fútbol se toma las conversaciones de la sala de clases. Por estos días nadie habla de otra cosa que no sea del Mundial. Hace unos días atrás Chile fue eliminado por Brasil en un juego que entró a la historia de las derrotas inolvidables, así es que todo el curso quiere que hoy gane Colombia. Kevin no sabe bien si es por cariño o simplemente por odio parido a la verdeamarela, qué importa.

***

El viaje en bus desde Cali a Santiago les tomó unos seis días a través de una de las rutas más peligrosas de toda Sudamérica, pero eso no les importó a los Hurtado Caicedo. El relato de sus parientes y amigos sobre como la vida era mejor en Chile fue motivación suficiente para enfrentar el camino. En el bus estaban casi todos: papá, mamá y tres de los cuatro hijos; Eric, el mayor, decidió seguir intentándolo en Cali. Una vez instalados en Los Andes, donde vive parte de la familia, comenzaron a insertarse en su nueva vida. Papá encontró trabajo en la construcción mientras mamá conseguía algunas ocupaciones esporádicas que le permitieron al mismo tiempo cuidar de los hijos y la casa. Kevin, con apenas 10 años, entró al colegio y comenzó a hacer nuevos amigos. Pero no todo marchaba bien. Casi sin saberlo un sueño comenzó a anidarse en su corazón: el sueño de convertirse en futbolista. Pero en Los Andes las oportunidades para cumplir ese sueño escaseaban.

Estadio Santa Laura, Santiago, 3:30 P.M. Mayo de 2016.

ꟷ“¡Kevin, acá, acá!” ꟷMira hacia la banca.

ꟷ“¡Tu espalda, tu espalda!” ꟷRetrocede rápidamente y espera el balón. Llega al cruce, controla la pelota y levanta la vista.

ꟷ“¡Ahora Kevin, métela!” ꟷEn cuestión de segundos le pone un pase en profundidad al puntero izquierdo que deja a toda la defensa como el principal espectador de un gol inminente.

Durante el 2016, y en medio de una ardua polémica sobre la tolerancia (o la falta de ella) de los chilenos hacia los inmigrantes, Unión Española decidió predicar con el ejemplo y se definió no solo como un club de colonia si no como un club de inmigrantes. Para ello anunció un abono preferencial exclusivo para inmigrantes que permite entrar a todos los partidos de Unión como local por solo $10 mil anuales. Las razones para esta decisión estaban claras al interior del club: “Unión Española tiene un origen vinculado a los inmigrantes”, explicó el entonces Gerente General del club, el ex jugador paraguayo, Johnny Ashwell. El generoso abono no fue la única medida que tomaron en Unión; desde hace unos meses silenciosamente el club apoyaba al equipo “Incas del Sur”, un cuadro fundado por peruanos avecindados en Chile que militaba en Tercera B y que luego, por exigencias de ANFA, integró a jugadores chilenos a sus filas. Como complemente a estas actividades, los hispanos organizan torneos y partidos amistosos en Santa Laura donde invitan a las divisiones menores de clubes amateurs de comunas periféricas del gran Santiago donde regularmente militan niños extranjeros. Andrés Fabry, Coordinador General del Fútbol Joven lo explica: “Hay muchos chicos jugando en esos clubes porque no tienen la posibilidad de pagar una matrícula en una escuela de un club profesional. Por eso buscamos ayudarlos, invitándolos a jugar en Santa Laura”.

Fue en uno de esos partidos, el 2016, donde los caminos de Kevin y de Unión Española se cruzaron. Fabry recuerda ese día: “en uno de esos partidos invitamos al club José Obrero de Los Andes, fue ahí que conocimos a Kevin. Jaime Carreño, técnico de la Sub-14, fue el primero que lo vio y me pidió que lo contactáramos. Llamé a la mamá de Kevin y lo invité a entrenar con nosotros. Hay que ser muy cuidadosos con estas llamadas, porque generan muchísima ilusión. Kevin dijo que sí inmediatamente.” Ese día la vida de Kevin Hurtado cambiaría para siempre.

Lampa, Santiago, 3:35 P.M. Martes 20 de junio de 2017.

Cuatro niños cruzan la calle que separa la pensión donde viven de las canchas donde entrenan. El frío atraviesa mi gruesa parka y se cala entre mis calcetines. El aire húmedo le gana a mi segundo café, pienso en encender un cigarro, pero no es el lugar indicado y desisto. Cuando los veo llegar diviso a Kevin de inmediato, el color de su piel y su estatura, mayor al promedio, lo delatan. Rápidamente se confunde entre los demás niños que se visten, caminan y se saludan, emulando a los futbolistas profesionales con los que sueñan en convertirse, como todo niño de 14 años.

Al final de mis 30 asumí que ya no sería futbolista, pero estos niños que veo llegando a entrenar no lo saben aún. Ellos todavía sueñan con estadios que coreen sus nombres, con sus caras dibujadas en lienzos de barrabrava o con ganar el Balón de Oro. Por instantes, esa cancha fría y lejana de Lampa es para ellos el Nacional, el Pascual Guerrero o el Camp Nou.

Kevin es el primero en comenzar a moverse. Toma una pelota, hace unos jueguitos con ella y remata hacia un arco vacío. Otros niños lo saludan y comienzan a correr junto a él. Nunca ha sido amigo del frío y sabe que correr es lo único que sirve para no entumirse.

De los seis niños que viven en la pensión que Unión Española mantiene en Lampa, dos son extranjeros, los dos colombianos, pero Kevin es el único que llegó a Chile por razones diferentes al fútbol. Desde marzo de este año que tuvo que dejar a su familia y comenzar a vivir en la pensión en Lampa que queda también a un par de cuadras del colegio que el club le consiguió. Para nadie es fácil separarse de su familia, menos tienes 14 años y eres extranjero. No debe haber sido fácil tampoco para su mamá, su más grande hincha ꟷcomo toda historia de crackꟷ cuando ella le pidió al club que aceptara a Kevin en la pensión. Los 45 minutos de ida y de vuelta (qué paradoja) que separan Los Andes de las canchas donde entrenan las inferiores de Unión Española, sumado al costo del pasaje y la falta de alimentación necesaria para un deportista de alto rendimiento, hicieron cada vez más difícil para los Hurtado Caicedo apoyar el sueño de su hijo.

Antes del entrenamiento converso un rato con Kevin. Lo noto nervioso, incómodo, es su primera entrevista. Nos sentamos en un banco de madera a metros de la cancha donde entrenan sus compañeros. Ellos seríen a la distancia, se puede percibir que hay un poco de envidia, ellos saben que una entrevista significa estar un poquito más cerca del sueño que los llevó hasta ahí.

Kevin me confiesa que al principio fue difícil vivir solo, especialmente cuando regresaba de los entrenamientos. Sin mediar pregunta me cuenta que lo que más echa de menos es “a mi mamá, sus arepas en la mañana y el pan colombiano”. A pesar de lo difícil que ha sido la separación física de sus padres, aquí es muy feliz. Tiene todo lo que necesita para dedicarse al fútbol y enfocarse en cumplir su sueño de debutar algún día en el primer equipo de Unión y, porqué no, llegar al Barcelona que es el club de sus amores. Por ahora el WhatsApp aplaca la pena de no poder ver a mamá todos los días mientras los nuevos amigos de la pensión han tomado el lugar de sus dos hermanas que se quedaron en Los Andes.

“Nosotros no hacemos ninguna distinción entre jugadores chilenos o extranjeros, ni discriminamos por estrato social; para nosotros lo más relevante son las condiciones. No discriminamos positiva ni negativamente. No tenemos tampoco una búsqueda activa de jugadores extranjeros para alimentar nuestras divisiones menores. Regularmente vienen chicos extranjeros a tocarnos la puerta para probarse. Somos conscientes que cada vez hay más inmigrantes en el país y como club queremos que se acerquen a este ícono de la inmigración que es Unión Española, un club que se formó con inmigrantes desde sus inicios”, cuenta Andrés Fabry en relación a la existencia de niños extranjeros en las divisiones menores de Unión.

Pero no todo se está dando bien en Lampa. A pesar de llevar cuatro años en Chile y estar entrenando en Unión Española hace ya casi uno, Kevin aún no puede debutar. La regulación de la FIFA y la ANFP impide a los clubes inscribir a un niño extranjero en las divisiones menores sin cumplir algunos requisitos adicionales a la liberación internacional de su club anterior y tener visa permanente en Chile tanto para él como para sus padres. La más dura exigencia para jugar por un club es que el niño cumpla cinco años corridos estudiando en Chile. A Kevin, que llegó el 2013, aún le falta más de un año para cumplir con ese requisito. Por ahora en los entrenamientos lo alinean en el equipo reserva y no es citado a los partidos por los puntos: “es difícil porque uno siente la emoción de entrenar con camiseta de Unión, pero no puedo jugar todavía”, me confiesa. Pero Unión Española decidió apostar por él.

Kevin no echa de menos Cali. Precisamente desde que dejaron Colombia nunca han regresado: “volvería de vacaciones quizás, porque aquí tengo mi futuro y no quiero desperdiciar esta oportunidad que Dios me dio, acá me siento bien”. Sabe que lo que está viviendo es único: “tengo que aprovechar esta oportunidad porque no se dan muchas de estas en la vida. Tener habilidad para el fútbol es un don que Dios me dio y jugarlo es lo que me hace feliz”, señala.

“Si tuvieras que elegir entre volver a Los Andes y quedarte aquí en Lampa. ¿Dónde estarías?” Se provoca un silencio. Kevin levanta la vista, mira los techos humeantes de las casas que circundan la cancha. La imagen de su mamá despidiéndose ese primer día en que durmió en la pensión se le viene a la cabeza. La respuesta demora en llegar: “mi familia es muy importante para mí, pero creo que elegiría el fútbol porque yo sé que si me resultan las cosas vamos a estar todos juntos y tener una mejor vida”. A los 14 años, Kevin no piensa en dejar que su sueño se esfume.

El camino de esto niños que se preparan para ser futbolistas puede terminar abruptamente: una lesión, la necesidad de trabajar, la falta de recursos económicos o la ausencia de condiciones técnicas, pueden terminar con esos anhelos. Por eso pienso que aquí en Lampa los sueños vienen a nacer o a morir. Pero Kevin no será el primero ni el último que lo intente; en los últimos años clubes como San Marcos de Arica y Deportes Iquique han experimentado un fuerte aumento en la cantidad de jóvenes y niños extranjeros entrenando en sus divisiones menores buscando una oportunidad de llegar al fútbol profesional. La ANFP discute aumentar el cupo de extranjeros que pueden jugar en divisiones menores por sobre el máximo que se permite hoy de 10 jugadores extranjeros contando todas las divisiones menores de un club. Todo indica que la realidad será más fuerte que la regulación y el debate tendrá que acelerarse para hacer frente a esta nueva realidad del fútbol chileno. Mal que mal, una vez que estos chicos lleguen al primer equipo ꟷsi es que lo logranꟷ en muchos casos podrán optar a la nacionalidad chilena y no ocupar cupo de extranjero, y eso es una buena noticia para los clubes.

***

Dejo Lampa y el frío. Pienso en Kevin, su soledad y el miedo que debe sentir en las noches, estando lejos de sus papás a tan corta edad. Pienso en estos niños preparándose todos los días para algo que tal vez nunca llegue. Miro a las canchas de entrenamiento, llenas de niños corriendo detrás de la pelota, sonriendo, como si se tratase del mejor momento del día, y claro que lo es. Me reprocho no haberlo intentado cuando tenía 14, la edad cuando todo parece alcanzable, tal vez lo habría logrado o al menos tendría algo que contarle a mis hijos sobre ese año en que “casi” fui futbolista. Mientras tanto, cae la tarde en Cali y los paraderos se vuelven a llenar de chicos camino a casa, soñando con jugar en el próximo Mundial. En Lampa, Kevin corre. ¿Escapa o persigue?

*Director Revista De Cabeza, panelista de Radio Sonar.

By | 2017-08-01T09:56:34+00:00 Agosto 1st, 2017|Nueva Edición|0 Comments

Leave A Comment