LA OTRA JUVENTUS

Por Bruno Rodrigues

El nombre “Juventus” resuena como un sinónimo de fuerza y grandeza en el mundo del fútbol. Con un fantástico estadio, el equipo viene dominando el fútbol de Italia hace años. El sueño de alcanzar una vez más la gloria en Europa parece estar muy cerca, logrando sub-campeonatos en dos de las últimas tres finales de Champions League. Mientras tanto en Brasil, y especialmente en São Paulo, el nombre “Juventus” puede significar un tipo de fútbol totalmente distinto. Un fútbol de aquellos días más románticos, en que los estadios eran más simples y estaban lejos, muy lejos de todo el glamour y el poderío financiero de los torneos internacionales. Estamos hablando de un tipo diferente de Juve.

Fundado en 1924, el Clube Atlético Juventus de São Paulo es un club del barrio de Mooca, históricamente conectado a los inmigrantes italianos que llegaban a la ciudad. Llamado también “Moleque Travesso” (o chico travieso), el club generalmente compite a nivel regional, pero en 1983 alcanzó lo más alto ganando el torneo de Segunda División del fútbol brasileño. Sin embargo, la aventura nacional no duró mucho y hoy el club pulula entre las divisiones de ascenso del campeonato paulista.

Una Juve con los colores del Torino

Para los que conocen al club por primera vez, especialmente extranjeros fanáticos del fútbol, un dato curioso les llama inmediatamente la atención: ¿cómo es que un equipo de nombre Juventus juega con los colores del Torino?

Según la creencia popular –incluso entre sus hinchas– el fundador de Juventus, Rodolfo Crespi, italiano y fanático de la Juventus de Turín, necesitaba agradar a algunos miembros de su familia que, a diferencia suya, hinchaban por el archirrival, el Torino. La solución fue nombrar al club en honor a la Vecchia Signora, pero recordando los colores granates de Il Toro. Sin embargo, esta leyenda es verdad solo en parte.

Es cierto que Crespi era italiano e hincha bianconeri, pero el club que fundó se llamó originalmente Cotonifício Rodolfo Crespi F.C. La institución estaba básicamente formada por obreros de la fábrica textil de la que Crespi era dueño. Cuando decidieron cambiar de nombre, en 1930, Crespi rápidamente sugirió el nombre de “Clube Atlético Juventus”, para representar el amor por sus colores. El uniforme, que también necesitaría un cambio, no podía ser similar al de los otros clubes paulistas como Corinthians o Santos, quienes ya utilizaban el negro y blanco que originalmente vestía el Rodolfo Crespi F.C. Fue entonces cuando alguien propuso la idea de un color totalmente distinto, uno que ningún club tuviera. Como algunos de los miembros de la familia de Crespi eran hinchas de la Fiorentina, pareció justo para el patrono Juventino combinar el nombre de su amado club con un uniforme que recordara al de la institución de Florencia. En su búsqueda por encontrar las telas que le permitieran vestir a su club con el color viola sólo fue capaz de encontrar material para confeccionar uniformes granates, dando paso al nacimiento de uno de los más distintivos uniformes del fútbol brasileño.

Un día de partido en Javari

Mirar un partido en Rua Javari, la casa de Juventus, es una experiencia totalmente diferente si la comparamos con cualquier cancha de los equipos grandes de São Paulo. Los hinchas de Corinthians, Palmeiras y São Paulo cuentan con estadios patrocinados por grandes marcas con capacidad para más de cuarenta mil personas. En Javari no caben más de cuatro mil. Aquí no hay iluminación, así que los partidos no pueden jugarse por la noche. Casi todos los sectores del estadio, con la excepción de unos pocos lugares cubiertos en la tribuna principal, son plateas donde se ven los partidos de pie, como antes.

La gastronomía local, por su parte, no olvida sus raíces italianas. El principal plato entre las diversas opciones de comida que se sirven en el estadio son los famosos cannolis de Seu Antônio, obligatorios en el entretiempo. La cola para saborear uno de esos manjares, típicos de la pastelería italiana, es larguísima pero vale la pena.

En Javari, el fútbol es el protagonista. No existe pista de recortan ni rejas altas, ni fosos divisorios entre la cancha y la galería. La gente puede ubicarse a pocos metros del campo de juego. Los jueces de línea y los árbitros sufren con el constante abuso verbal de los hinchas, que aprovechan la proximidad con la cancha para comentar el partido con los pocos periodistas y reporteros gráficos que llegan a cubrir al equipo granate, mientras los jugadores rivales se exponen a todo tipo de insultos cada vez que cobran un lateral o salen a calentar. Es fútbol en su estado más puro.

El Flaco Menotti y la Juventus de São Paulo.

Antes de coronarse Campeón del Mundo al mando de la Argentina de 1978, César Luis Menotti tuvo una carrera como jugador que duró aproximadamente 10 años. Luego de defender los colores de Rosario Central, Boca Juniors y Racing en Argentina –y de un breve paso por Estados Unidos– el Flaco llegó a Brasil para jugar en el Santos de Pelé. Con O Peixe se coronó campeón del campeonato estadual de 1968. Al año siguiente, el argentino firmó por Juventus, donde terminó su carrera.

En la Mooca, Menotti no pudo causar demasiado impacto. Su participación más recordada por los hinchas vino en un partido contra São Benato, un equipo de la ciudad de Sorocaba. En ese partido anotó dos goles en un triunfo Juventino por 4 a 1. Su segundo gol –según los relatos– lo marcó mediante una linda bicicleta en la entrada del área. No hay videos ni fotografías.

El gol más lindo de Pelé

Tampoco hay videos del gol más lindo que haya visto Javari. En efecto, fue en la Rua Javari donde Pelé anotó lo que, a juicio del mismo “O Rei”, es considerado el gol más lindo que marcó entre los más de mil que registra en su carrera.

Para rememorar el momento solo existe una foto publicada por la prensa de la época, donde se muestra a Edson Arantes Do Nascimento cabeceando la pelota hacia el fondo de la red. En la película Pelé Eterno se logró recrear de forma digital el gol, donde el número 10 del Santos recibe la pelota en la entrada del área, supera a tres defensores pasando la pelota por sobre la cabeza de cada uno de ellos, para finalizar la jugada en un mano a mano con el arquero que termina con un cuarto sombrero por encima del portero y la posterior definición de cabeza, a estas alturas ya célebre.

Hay tanta gente que dice haber visto este gol que, si contáramos a todos, Rua Javari sería capaz de albergar a más de sesenta mil almas. Ese día, Rua Javari fue más grande que el Maracanã o el Delle Alpi porque presenció el gol más lindo anotado por el mejor jugador de la historia del fútbol.

By | 2017-11-12T11:06:51+00:00 Noviembre 12th, 2017|Nueva Edición|0 Comments

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