LA POLÍTICA DE LA SEXUALIDAD DE ALEXIS SÁNCHEZ

Por Brenda Elsey*

Sospecho que un número importante de chilenos respiraron aliviados cuando Alexis Sánchez hizo pública su relación romántica con la actriz Mayte Rodríguez. La profundidad de este suspiro estaba conectada a preguntas que han surgido a través de los años sobre la sexualidad de Sánchez, en particular sobre si es que es gay, o no. En efecto, el fútbol está saturado en partes iguales por homoerotismo y homofobia, lo que explica por qué uno de los trabajos part-time de los hinchas, agentes y directivos de los clubes ha sido históricamente establecer la heterosexualidad de las estrellas de turno. Ejemplo claro de esta obsesión lo encontramos en que en el año 2016 Chile fue el país con el mayor número de multas y sanciones de la FIFA por canticos homofóbicos durante las clasificatorias a la Copa del Mundo.

El anuncio de Sánchez fue realizado a través de un video auto gratificante, acompañado de fotos de vacaciones mostradas una incontable cantidad de veces en televisión, prensa escrita y redes sociales. En el video, Sánchez sonríe cándidamente a la cámara, mientras Rodríguez posa detrás de él, parada en un sofá, vestida con una toga, y meciéndose suavemente, mientras la canción “The Prayer” de Celine Dion y Andrea Bocelli suena de fondo. La prensa británica describió el video como “bizarro” y “cursi”, algo con lo que es difícil estar en desacuerdo. Que millones de personas conversaran, conjeturaran y celebraran el nuevo romance de Sánchez, lo transforma en algo digno de reflexión.

Los líderes del fútbol han postulado por más de un siglo que el juego desarrolla una masculinidad correcta y, por lo tanto, no es ninguna sorpresa que es importante la forma en la que Sánchez (el mejor delantero de la historia chilena con solo veintiocho años, y una de las figuras públicas más queridas en Chile, más aún dentro del universo de aquellas con origen en la clase trabajadora y de provincia) representa su masculinidad, incluso cuando ésta no sea discutida de forma explícita. Lo que dice bastante sobre esos parámetros auto-impuestos es el desinterés de los medios chilenos en Sánchez como un ícono gay, o la forma en que no se manifiestan las diferencias entre él y sus compañeros de equipo. Sin tatuajes o peinados extravagantes, de hecho casi sin ningún pelo, y con sus shorts arremangados hasta el Aconcagua, su estética es impresionantemente distinta. Más aún, sus perros, Atom y Humber, tienen su propia cuenta de Instagram y le encanta Disneylandia. El silencio ha sido aún más ensordecedor ante el ataque mediático que siguió a “Maytegate”. Hay una razón por la que Arturo Vidal tiene el título de el Rey, mientras que Alexis Sánchez todavía es el niño maravilla, y tiene que ver con el pavoneo y dominación de mujeres, o la falta de este en el caso de Sánchez. Recordemos la extraña noticia del 2014 en que la polola de Sánchez, Laia Grassi, terminó la relación porque él no podía satisfacer sus necesidades sexuales. Fue necesario darle un gran giro y usar una buena dosis de gimnasia mental, para que la historia fuera presentada como un sacrificio que Alexis hizo para su club.

La prensa británica no ha sido tan silenciosa en lo que respecta a la poda y acicalamiento de Alexis Sánchez. Después de que aceptó promocionar a las afeitadoras Gillette, el tabloide The Mirror escribió¿Pero no debería un hombre tener un poco de pelo? Hemos visto muñecos Ken que lucen más rudos que el hombre del Arsenal”. La prensa gay ha celebrado el look de Alexis, así como ha respondido a una generación de futbolistas mundiales que han desafiado los modelos tradicionales de masculinidad. David Beckham, por ejemplo, abrió este camino hace una década, cuando el futbolista -consciente de su popularidad- proclamó que se sentía honrado de ser un ícono gay. En su propia manera, el nerviosismo, monogamia, y la cariñosa paternidad de Lionel Messi se desvían claramente del modelo del pibe Maradona, mientras que la apariencia de Sánchez se parece más a la de Cristiano Ronaldo en su atención meticulosa por la masa muscular y la eliminación del vello. Cabe recordar que la exhibición de cualidades que tradicionalmente se perciben como femeninas, normalmente lleva al cuestionamiento de la sexualidad de estas estrellas.

A pesar de la carrera presidencial o la deliberación sobre las draconianas leyes de aborto, aquellos que cuestionaron la importancia del anuncio de Sánchez, como la periodista Lucía López, fueron forzadas a disculparse por su ofensa. López sugirió que el público debía enfocarse en el caso de Nabila Rifo, primordial en el tratamiento judicial que reciben las víctimas de violencia de género. En total desafío a la razón, la respuesta a la solicitud de López fue la indignación por su falta de sentimiento. El tráfico mediático de chismes de famosos es inquietante y distractor. Al parecer, la cultura popular ha logrado desplazar al análisis político y al periodismo de investigación.

Así que, ¿deberíamos simplemente alejar nuestras miradas con disgusto ante la esfera corrupta, despolitizada y vaga de los deportes? Eso probablemente garantizaría la perpetuidad de la dominación actual de billones de dólares, tiempo en los medios y capital emocional de la elite política y económica. Después de todo, esta no es una estrategia nueva, los clubes de izquierda han estado usando el deporte para criticar a las elites políticas por un siglo.

TVN, por su parte, dio al público horas de información ya conocida, siendo la más indignantemente repetitiva la de Muy Buenos Días, donde dedicaron veintitrés minutos al asunto, concluyendo que Rodríguez es la mujer más bonita de Chile, “una diosa”, y que Sánchez es “ultra-romántico”. Los panelistas sugirieron que Sánchez se sentía más feliz que cuando ganó la Copa América y expresaron su orgullo de que haya elegido una mujer chilena, en lugar de una extranjera. Si alguien necesitaba más evidencia de la proyección nacional en esta relación, ahí estaba, dos mujeres profesionales proclamando la elección de Sánchez como una victoria para la mujer chilena (quizás similar a lo que la relación Bolocco-Menem significó para los hombres chilenos).

No todos los chilenos celebraron la elección que Sánchez hizo con Mayte Rodríguez. Una carta de un hincha, que consiguió suficiente atención como para convertirse en noticia en sí misma, encontró que la elección de mujer de Alexis demostraba que era un “desclasao”. La carta preguntaba “¿de cuándo a las rucias les gustan los flaites, negros de 1,70?… De cuando ganan 100 palos a la semana. Washito rico. Cuica”. Acusar a Alexis de ser “desclasao” es raro en sí mismo, ¿pero decir que es flaite? Estamos hablando del buen soldado de Arsene Wenger, el que le pidió a los fanáticos que dejaran de protestar contra el director técnico del Arsenal, el tipo que tiene camisetas que dicen “Te Amo Mamá”. Más aún, comparar a Sánchez con Patronato o el Parque O’Higgins, lugares de la invasión cuica, es una muy mala política de clase. La narrativa de la subida meteórica de Alexis Sánchez tiene todos los elementos de un cuento futbolístico de ascenso desde la pobreza a la riqueza, de los que hacen que las personas sigan amando al deporte. Pero parte de lo que lo hace que una figura complicada diga lo que dijo de un ícono de la clase trabajadora, es que justamente, Sánchez ha carecido de toda política de clase; no como, por ejemplo, las francas simpatías izquierdistas que ha mostrado Jean Beausejour, quien también ha participado en campañas contra el machismo. La popular carta del hincha, así como muchas otras reacciones, usó insultos homofóbicos para describir a las personas ricas que han aburguesado algunas áreas de Santiago que solían ser populares. Cabe destacar que el uso de insultos homofóbicos como los contenidos en esta carta es común y refleja esfuerzos orientados a des-masculinizar a las elites al representarlas como gay. Y sobre todo, también refleja tensiones de larga data entre las clases trabajadoras e identidades sexuales.

La homofobia furiosa del fútbol es parte de la obsesión de los medios deportivos con las esposas y novias de los jugadores. Consideren que nunca un jugador profesional activo de fútbol ha salido del closet. Ciertamente, el patrocinio corporativo juega un rol importante en las decisiones de los jugadores de dónde y cómo compartir información personal. Tomen un tiempo para pensar en las ‘filtraciones’ y noticias de las relaciones de Sánchez, y verán que coinciden minuciosamente con su historial de transferencias, lo que es muy común en el fútbol europeo. Que Alexis Sánchez provenga de la clase trabajadora y no sea rubio, que su cuerpo sea la base de su trabajo, solo aumenta el espectáculo público. Se incrementan las ganas de saber, de vigilar y de categorizar el deseo. Esto ocurre también en otros ámbitos, como enseña la profesora Karen Alfaro Monsalve, que explica cómo figuras como el dirigente sindical Cristián Cuevas, confeso homosexual y ahora parte del Frente Amplio, “es sin duda un referente político que tensiona a la izquierda tradicional”. La homofobia, así como la exclusión de la mujer, no son privativas del deporte profesional.

El organizador e investigador Roberto González explica que para el futbolista barrial la homosexualidad desborda los límites del género, la sexualidad y la modernidad, y como tal desborda también los límites estéticos del fútbol. Pedro Lemebel, uno de los escritores sobre fútbol más elocuentes de Chile, vivió las tensiones entre la identidad sexual y de clase. Se burlaba (“no me hable del proletariado. Porque ser pobre y maricón es peor”), describía agudamente la experiencia homoerótica de los partidos de fútbol, la traspiración, los torsos desnudos, las erecciones emergentes, y el peligro excitante de los estadios en los ochenta. En la superficie está el obvio amor por el club (“Como no te voy a querer”), pero hay tanto más que está pasando. Lemebel pensaba que la construcción del nosotros versus ellos desarrollaba atracción sexual, y que la insinuación que uno quería follar al otro, no era solo violenta, aunque frecuentemente lo era. Reflexionaba sobre la visión de disputa de masculinidad que ocurre en el fútbol, así como sobre la experiencia del gay que no pasa inadvertido en los partidos.

Mi hombría fue la mordaza, No fue ir al estadio

Y agarrarme a combos por el Colo Colo

El fútbol es otra homosexualidad tapada

Como el box, la política y el vino

Mi hombría fue morderme las burlas

Comer rabia para no matar a todo el mundo

Mi hombría es aceptarme diferente

Entonces, ¿dónde caben las mujeres en este panorama? De la misma forma que el provocador Lemebel, ellas forman sus propias comunidades subterráneas. En el mundo de los medios masivos, ellas parecen confinadas al lugar de Mayte Rodríguez, como esposas y novias de los jugadores. Existen pocos espacios de tal segregación de género como el fútbol y, como cualquier otra forma de segregación, la separación no equivale a igualdad. Ciertamente, los fans, jugadores, periodistas, directores, expresan rutinariamente su gozo por la exclusión femenina. El Estado ha ayudado a los clubes profesionales a evitar su bancarrota y han subsidiado a los equipos nacionales de hombres, mientras que los equipos nacionales de mujeres han luchado por existir. Quizá en ningún otro sitio sea tan marcada esta disparidad como en Argentina y en Chile, donde los equipos masculinos están colocados en los lugares segundo y cuarto del mundo, respectivamente, y los equipos femeninos ni siquiera aparecen en la clasificación. La suposición de que las futboleras son marimachas es tan generalizada como el supuesto de que no existen.

Las mujeres que trabajan en medios deportivos están sujetas a acoso, de forma privada y pública. Recientemente Vanessa Vargas analizó la cobertura de la Copa Confederaciones, sólo para encontrar la repetición nauseabunda de la objetivación de fanáticas y reporteras. Este mes, el debut de Grace Lazcano como panelista en un programa del “Canal de Fútbol” fue anunciado con orgullo y como una iniciativa pionera por los productores. El “periodista” Romai Ugarte se sentó a la izquierda de Lazcano. Mientras el panel y el público daba la bienvenida a Lazcano, Urgate se volvió hacia el camarógrafo y la audiencia, puso cara de disgusto y gesticuló como si estuviera poniendo un pene en su boca. Ugarte se disculpó, pero no antes de que Claudio Bravo y Gary Medel denunciaran su sexismo descarado. La reacción de los jugadores de fútbol es esperanzadora, especialmente dado que tener aliados es muy importante. Más allá del hecho que Ugarte buscó arruinar el debut de Lazcano y humillarla, es fascinante la forma en que escogió hacerlo, que involucraba la simulación de hacerle sexo oral a otro hombre. Ciertamente, Ugarte no nos pedirá que demos esto por hecho, pero el que nosotros solo leamos sexismo y no homoerotismo en el gesto es parte de la estructura que no reconoce los otros lados del sexismo y la homofobia. Ugarte necesita que sus pares masculinos entiendan el gesto y compartan su odio por la presencia de Lazcano.

Para desafiar la homofobia y el sexismo en el fútbol se requiere la construcción de alianzas entre los grupos que intersecta, pero que no son intercambiables. De acuerdo con Karen Alfaro Monsalve de la Universidad Austral “el desafío fundamental para el movimiento LGBTQI es generar articulación con otros movimientos sociales, en particular con el feminista, con el objetivo de establecer un frente que pueda instalar la conquista de derechos como claves en los procesos de profundización democrática en el país”. A pesar del liderazgo de la clase trabajadora y mapuches en el movimiento LGBTQI, su presencia rara vez aparece. En cambio, “los medios de comunicación chilenos están dominados por la élite político-económica del país y prefieren poner imágenes de personas blancas, rubias y sonrientes, por sobre todo”, explica Hillary Hiner, historiadora feminista de la UDP.

Las mujeres han jugado fútbol y han participado activamente en los clubes chilenos desde comienzos del siglo veinte. Enfrentar la apatía y el estigma social no les ha impedido disfrutar el compañerismo del deporte. Las jugadoras del equipo nacional femenino reportan que su falta de notoriedad les ha permitido evitar el escrutinio público al que son sometidas las estrellas masculinas. Entre la comunidad del fútbol de mujeres hay aceptación de atletas LGBTQI. La jugadora del equipo nacional Fernanda Pinilla explica que “no existe homofobia entre jugadoras, pero sí podría decir que de parte de entrenadores la he sentido. Me ha tocado escuchar comentarios de entrenadores que dicen que no se pueden hacer actos “lésbicos” en entrenamientos, concentraciones o utilizando ropa de la institución”. Otra jugadora del equipo nacional lo confirma: “en mi experiencia, la homofobia se da más fuera de los círculos del fútbol femenino que dentro de ellos, nunca entre las jugadoras.”; se les comunicó a las jugadoras que, si actúan “como lesbianas”, las audiencias las van a encontrar menos atractivas y, consiguientemente, puede afectar al deporte. Esto no sólo pasa en Chile, sino que es una advertencia que ha venido desde la presidencia de la FIFA. La falta de discusión alrededor de la participación histórica de las mujeres en el fútbol ha servido para naturalizar las diferencias de género y justificar la negación de recursos a mujeres atletas.

El frenesí sobre la vida amorosa de Alexis Sánchez, sin dudas, continuará intensamente, sometiéndonos a chismes sin fin sobre sus planes para un futuro matrimonio, infidelidad, conflictos con la familia política, etc. Para aquellos que no pueden evitarlo, quizás la mejor aproximación es confrontarlo, a través de explorar por qué a las personas les importa tanto y qué significa eso. Implica pedir que los periodistas cubran tanto a las mujeres que juegan fútbol, como a las que tienen relaciones amorosas con futbolistas. También requeriría reconocer tanto el homoerotismo como la homofobia en el fútbol.

En lo que respecta a lo segundo, yo no sé cómo o con quién Alexis Sánchez tiene sexo, o cómo se siente. Y tú tampoco lo sabes.

 

* Brenda Elsey es doctorada en historia por la Universidad del Estado de Nueva York. Su libro, Citizens and Sportsmen: Fútbol and Politics in Twentieth Century Chile fue publicado por University of Texas Press en 2012, y ha escrito varios artículos, académicos y populares sobre la relación entre la política y el fútbol. En 2015 cubrió la Copa Mundial Femenina para Sports Illustrated. Su libro actual (escrito con Josh Nadel) es Futbolera: Mujeres, Género y Deporte en América Latina. Josh Nadel es, a su vez, profesora de historia en Hofstra University en Nueva York y codirectora del programa de estudios sobre América Latina y el Caribe. Es co-editora de Oxford University Press “Research Essays in Latin American History”.

Traducido por Camila Gatica Mizala, Institute of Latin American Studies, University of London.

By | 2017-10-03T13:51:19+00:00 Octubre 3rd, 2017|Nueva Edición|1 Comment

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