LOS HERMANOS ROBLEDO

Por Francisco Mouat

Se llamaban Jorge y Ted Robledo Oliver, eran los hermanos Robledo. Los mismos hermanos que muy pequeños, cuando Jorge tenía cinco años de edad, habían dejado el país para irse a vivir con su madre a Inglaterra, y que mucho tiempo después, en 1953, volvieron a Chile como futbolistas famosos a jugar por Colo-Colo sin hablar un gramo de castellano.

Esto es lo que la mayoría de los chilenos, me incluyo, sabía de los hermanos Robledo, aparte de que Jorge era un crack de marca mayor, un jugador fuera de serie, campeón y goleador jugando por el Newcastle de Inglaterra antes de volver a Chile. Hasta que hace poco abrí el libro Carne de perro de Germán Marín y en sus primeras páginas me encontré con la siguiente dedicatoria. Cito textual:

“A los hermanos Ted y Jorge Robledo, esa extraña pareja del fútbol chileno, venida de Inglaterra, de quienes aprendí a temprana edad, al leer las crónicas de sus vidas, la vocación del fracaso. Ted terminó en Africa, cansado de vivir, dedicado, según se dice, al alcohol, si bien otras fuentes indican que, tras servir como agente de inteligencia, fue asesinado en Omán. Jorge repitió los días, en el pueblo de Rancagua, en un empleo burocrático, acabando como guardián de puerta en el colegio Mackay de Viña del Mar”.

Después de leer esta dedicatoria, y aunque los datos ahí manejados no fueran finalmente todos estrictamente ciertos, me pareció estar viendo en el destino de los Robledo argumento suficiente para fraguar una investigación mayor, una crónica de sus vidas, por qué no un libro, o un documental.

En eso estoy ahora: empezando a recabar información. La mínima información que permita ir confrontando el texto de Germán Marín y ojalá completándolo.

Empecemos por Ted. Dos o tres años menor que Jorge, nunca tuvo ni su talento ni su profesionalismo. Cuando Jorge deslumbraba en el Newcastle, Ted formaba parte de las divisiones menores del club. Al venirse a Chile en 1953, Jorge Robledo exigió hacerlo con toda su familia: su madre, Elsa; su hermano Ted y su hermano menor, Guillermo. Ambos, Jorge y Ted, jugaron en Colo-Colo entre 1953 y 1958. Pero mientras Jorge era figura y sobresalía por su disciplina y su capacidad en la cancha, Ted alternaba la titularidad y no escondía su amor por la jarana, la noche y las mujeres.

Nunca se casó Ted Robledo. Y después de 1958 su pista se desvaneció. Vicente Riveros, antiguo dirigente de Colo-Colo y amigo de Jorge Robledo, dice haberle conocido varias novias del mundo de la farándula a Ted, entre ellas una hermosa bailarina de flamenco de Valparaíso. Pero en algún momento Ted se borra del mapa chileno y nada más se sabe de él, hasta su extraña desaparición. Pudo ser a fines de los años 60. Las distintas versiones, la del Sapo Livingstone, la del periodista Lucho Urrutia 0’Nell, la del propio Vicente Riveros, la del antofagastino Danilo Díaz, apuntan a que fue arrojado desde un barco en altamar, en una riña, en el oceáno Indico, o al menos cerca de Africa. ¿Qué hacía ahí Ted Robledo? No es claro: al parecer, dicen estas fuentes, el hombre se dedicaba a negocios poco claros, contrabando o drogas, y sus amistades eran relaciones peligrosas. Lo concreto es que al puerto de desembarque de aquella nave nunca llegó Ted Robledo.

La dedicatoria escrita por Germán Marín no contiene información descabellada en absoluto. Ted terminó mal, asesinado, no sabemos si en Omán o en algún océano de la región, y lo de agente de inteligencia tampoco es tan descartable. ¿Y si ésta hubiera sido la razón para arrojarlo al mar, haberlo descubierto durante el viaje en una operación camuflada de infiltración?

Jorge Robledo nunca dijo una palabra en público ni en reuniones sociales de lo que había pasado con su hermano. No era un tema para conversar a viva voz. Hombre sencillo y discreto, abandonó el fútbol sin hacer mayor ruido y en Rancagua conoció a su futura esposa Gladys, con quien construyó “una hermosa pareja”, según Vicente Riveros.

Alguien me señala que la muerte de su hermano lo afectó muchísimo, y que desde entonces se puso bueno para el trago, pero Riveros lo desmiente: “Yo creo que Jorge era un gran bebedor social, seco para el whisky, pero nunca lo vi descompuesto por el alcohol”.

Jorge Robledo terminó sus días no de guardián de puerta del colegio Mackay, sino como encargado de deportes del colegio Saint Peter de Viña del Mar. Murió joven e inesperadamente, a los 62 años, de un paro cardiorespiratorio. Le sobreviven su esposa y una hija, ambas radicadas hasta hoy en Viña del Mar.

El honor de Ted Robledo

Hace algunas semanas escribí en esta misma página una columna sobre los hermanos Jorge y Ted Robledo. Me había cautivado la dedicatoria escrita por Germán Marín en su libro Carne de perro, en la que él decía haber leído, entre otras informaciones, que Ted Robledo había terminado en Africa, “cansado de vivir, dedicado, según se dice, al alcohol, si bien otras fuentes indicaban que, tras servir como agente de inteligencia, había sido asesinado en Omán”.

La historia de la desaparición del ex futbolista Ted Robledo parecía sacada de una película. Mi columna fue publicada mientras yo estaba de vacaciones, y, en lo que respecta a Ted, agregaba algunas indagaciones sobre su vida (que nunca se casó, que tuvo como novia a una hermosa bailarina de flamenco) y también sobre su muerte: versiones de periodistas que parecían estar de acuerdo en que Ted Robledo había sido arrojado desde un barco en altamar después de una riña cerca de alguna costa africana, tal vez porque el hombre estaba metido en asuntos poco claros, drogas, contrabando, cosas así.

Hasta que volví de vacaciones y encontré sobre mi escritorio un sobre de correo remitido por Carmén Calé viuda de Robledo. Abrí el sobre y en él había una carta manuscrita de cuatro páginas, una foto en blanco y negro de un matrimonio religioso y la copia escrita a máquina de un juicio auspiciado por la Corona británica.

El primer desmentido saltaba a la vista: Ted Robledo sí se había casado. Lo hizo en Chile y en 1956 con Carmen Calé, ex bailarina de danzas españolas. En la carta, Carmen Calé aprovecha de aclarar que no es verdad que Ted fuera bueno para la noche, la jarana y las mujeres, y luego precisa sus movimientos después del matrimonio. Primero se fueron a vivir a Inglaterra, donde Ted jugó un par de temporadas en el Notts County de Nothingham, pero el clima inglés afectó bastante a su mujer y se volvieron a Chile en 1959. Ted fue entonces contratado por la Nasa como técnico electrónico, su segunda profesión, a través de la Universidad de Chile. Pero su sueldo era bajo y pronto buscó nuevos rumbos como entrenador de fútbol. En 1965 viajó solo a Centroamérica para dirigir en El Salvador al equipo “11 Municipal”. No duró mucho allá.

Más adelante, Ted trabajó ayudando a levantar torres petroleras en Africa y  Brasil. En ésas andaba cuando fue contratado por una compañía norteamericana de barcos petroleros -la International Drilling Co.- en el Golfo Pérsico. Y fue en esa condición que encontró la muerte. A comienzos de diciembre de 1970, solo y prácticamente sin dinero, aprovechó una invitación del capitán alemán del barco petrolero Assahn para pasar cuatro días de vacaciones a bordo de la nave, y se embarcó en el puerto de Dibbah, en el sultanato de Omán, para realizar un crucero a través del Golfo de Omán hasta Muscat y volver a Dibbah. Jamás regresó. Según la viuda, en el juicio consta que la noche del 5 de diciembre de 1970 cenó con el capitán y luego jugaron cartas junto a a otras personas, y fue entonces cuando desapareció sin dejar huella.

En Chile nadie se enteró del hecho porque Ted Robledo no era muy amigo de escribir cartas y marcar su paradero. La última carta suya la había recibido su esposa, Carmen, en noviembre de 1970. Pero en el verano de 1971 igual se dejaron escuchar en la familia rumores que hablaban de una desgracia. Jorge Robledo, su hermano, no le prestó atención a esas versiones, hasta que el 4 de marzo de 1971 El Mercurio tituló en portada: “Asesinado Ted Robledo. Se abre investigación en Sultanato de Omán”.

La primera noticia fue un golpe en la cabeza de la familia Robledo. Su hermano Jorge se descompuso aquel día y prácticamente no pudo seguir hablando con el periodista que le informaba detalles del caso.

En los meses siguientes, el juicio verificó que el capitán alemán, Hans Besseinich, había mentido al decir primero que Ted Robledo jamás se había embarcado, y luego había tratado de influir a los otros testigos, un cocinero y otros miembros de la tripulación, para que dijeran lo mismo. Los testigos no cedieron a la presión y verificaron que Ted sí había estado en el barco, y además relataron cómo el capitán había hecho desaparecer su equipaje.

Casos y cosas de la justicia, el jurado británico por dos votos a uno decretó al final que el capitán alemán era inocente, descartó cualquier tesis de suicidio y determinó que sólo se había tratado de un accidente. Después de cuatro meses de prisión, Besseinich recobró la libertad y siguió haciendo su vida como capitán de barco.

Treinta y tres años más tarde, escribo esta columna para intentar restituir la memoria de Ted Robledo con la carta de la viuda a la vista. La leyenda, sin embargo, seguirá escribiendo en la imaginación de cada uno de nosotros. ¿Lo mataron? ¿Sufrió un accidente y cayó al mar? Ahora sabemos dónde estaba esa noche y quién era el capitán del último barco que lo vio con vida. También sabemos de su relación con Carmen Calé, su matrimonio y su reticencia a escribir cartas. Estamos seguros de que nunca fue agente de inteligencia de la corona británica. Lo que probablemente nunca sabremos, como tantas veces ocurre, es cuáles fueron sus últimos movimientos después de aquella partida de naipes, y cómo fue que su vida terminó para siempre cinco millas mar adentro en las aguas del Golfo de Omán.

By | 2017-09-25T09:20:55+00:00 Septiembre 25th, 2017|Nueva Edición|0 Comments

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