LOS QUE VISTIERON DE ROJO Y BLANCO

Por Paulo Flores Salinas* (@PauloFlores_10)

 

Diez de septiembre de 1972. Las casi ochenta mil personas que han acudido al estadio Olímpico de Múnich para la jornada doble que definirá el podio del fútbol masculino podrían estar a solo cuarenta y cinco minutos de convertirse en testigos de un hecho inédito: de mantener la ventaja de un gol a cero sobre Polonia, la selección húngara obtendrá su cuarto oro olímpico y el tercero de manera consecutiva. Por cierto, desde Helsinki 1952 que el torneo era ganado por algún representativo de la Europa socialista. Dicho poderío —más allá de la gran calidad de los jugadores— era favorecido por las reglas de la FIFA que establecían que solo podían ser convocados jugadores amateurs y precisamente los del bloque socialista estaban catalogados como tales, pues no existía en esos países la profesionalización de su práctica, al menos oficialmente.

Apenas reiniciado el partido, el mediocampista polaco Kazimierz Deyna recibe el balón, encara por el centro, elude a dos marcadores y con un zurdazo rasante desde la entrada del semicírculo derrota al arquero magiar. Veinte minutos más tarde, una pelota al área húngara no logra ser despejada por los defensores quienes ven como el mismo Deyna la controla a sus espaldas, se saca al portero y marca el segundo. Los esfuerzos de los magiares no lograrán revertir el resultado que le significará al representativo polaco la obtención del oro.

El goleador del encuentro se abraza con sus compañeros, entre los cuales está el delantero Robert Gadocha, con quien ha conformado una dupla letal: entre ambos han marcado 15 de los 21 goles de Polonia en los siete partidos disputados. Deyna, articulador del juego de su selección, se consagra como el máximo anotador y uno de los mejores jugadores del torneo.

 

De recluta a general

 

Seis años antes de aquella gesta en Múnich, un joven Deyna se preparaba para cumplir con su servicio militar obligatorio y, si bien ya había debutado con el ŁKS Łódź, dicha situación fue aprovechada por el poderoso Legia Varsovia (el equipo del ejército polaco) para sumarlo a sus filas. En el cuadro capitalino, el espigado mediocampista poco a poco comenzó a despuntar, rendimiento que llamó la atención del por entonces entrenador de la selección juvenil polaca, Kazimierz Górski. Por cierto, en el equipo militar se encontró con quien sería su complemento en esos años: el hábil Robert Gadocha. Juntos ayudarían al Legia a obtener los títulos de Liga de 1969 y 1970, y a alcanzar las semifinales de la edición de 1969-70 de la Copa de Campeones de Europa, la que perdieron ante el Feyenoord —a la postre campeón— en la que sería, hasta el día de hoy, una de las mejores participaciones de un club polaco en competencias europeas. Los primeros años en el Legia evidenciaron la eclosión de un conductor magnífico dotado de una visión de juego particular pausado, de búsqueda de los punteros y presencia en el área rival que trasladó a la selección y que fue valorada tanto por los hinchas como por especialistas valiéndole el apodo de general.

 

La irrupción

 

“Payaso de circo con guantes”, así catalogaba el célebre Brian Clough al arquero polaco Jan Tomaszewski antes del encuentro que disputarían en Wembley las selecciones de Inglaterra y Polonia. El partido era crucial, pues definiría el único clasificado del grupo —que completaba Gales— al Mundial de 1974. A pesar del favoritismo inglés, a Polonia le bastaba el empate para alcanzar su segunda participación mundialista (la única en 1938).

Tomaszewski, años más tarde, declaró al sitio FIFA que antes de salir al histórico campo el entrenador Górski —consciente del momento— les señaló: “Aunque jueguen al fútbol durante veinte años y lleguen a los mil partidos con la selección, nadie se acordará de ustedes. Pero esta noche, en un partido, tienen la oportunidad de poner sus nombres en los libros de historia”. De acuerdo a los datos de FIFA, fueron treinta y cinco llegadas y solo en una (vía penal) fue derrotado Tomaszewski. Antes, Polonia se había puesto en ventaja con la anotación de Jan Domarski con la complicidad de Peter Shilton. En esa jornada, en que Tomaszewski fue héroe y en la que el seleccionado inglés perdió por primera vez en cancha su opción de ir a un Mundial, el equipo capitaneado por Deyna no solo se ganó la oportunidad de mostrar su juego en Alemania sino que además confirmó que lo sucedido un año antes en Múnich estuvo lejos de ser una casualidad.

Argentina, Haití e Italia fueron los rivales de grupo en la cita mundialista. Tres victorias, doce goles a favor y tres en contra bastaron para que el mundo futbolístico se maravillase del juego polaco, especialmente de la conducción de Deyna, la capacidad goleadora de Andrzej Szarmach y la velocidad de Grzegorz Lato. La segunda ronda los puso junto a Suecia, Yugoslavia y Alemania Federal. Contra suecos y yugoslavos completaron cinco victorias consecutivas. Sin embargo, en Frankfurt, un solitario gol del atacante Gerhard Müller acabó con el vendaval polaco. Tres días más tarde, enfrentaron al último campeón: Brasil. Lato, en el minuto 76, después de un carrerón de casi cuarenta metros marcó el único gol del encuentro. De esta manera, la sorpresa del torneo alcanzaba el tercer lugar. Por cierto, el rapidísimo extremo Grzegorz Lato obtuvo la bota de oro gracias a sus siete tantos y el defensor Wladyslaw Zmuda el premio al mejor jugador joven.

En Chile, el periodista Antonino Vera en el número 1613 de la revista Estadio —dedicado en gran parte al torneo— se refería así al elenco polaco: “Tiene valores notables como equipo. Jugadores que no saltan a la vista de inmediato, precisamente porque no buscan su lucimiento personal: Deyna, el mediocampista es un conductor de nota. Es el que sabe cuándo hay que apurar y cuándo tranquilizar el juego. Gadocha, el más individualista, aporta la sorpresa apareciendo por todos los sectores. Szarmach y Lato son peligro constante de gol […]. Y para completar el cuadro está Tomaszewski, el arquero con más preferencias para encabezar el equipo ideal del campeonato”. Un detalle de aquel número: si bien la portada fue para la figura Johan Cruyff, el póster coleccionable o lámina central que traía la foto de un plantel completo, curiosamente no fue para el campeón Alemania ni para la Holanda del citado Cruyff, sino para el seleccionado polaco demostrando que su desempeño no pasó inadvertido. Polonia se había ganado su espacio.

Tras el certamen, varios clubes manifestaron interés por los mundialistas polacos. En el caso de Deyna —que ese mismo año obtuvo el tercer puesto del balón de oro— se habló del Real Madrid. Sin embargo las autoridades locales no aceptaron transferirlo, pues solo los mayores de treinta años podían optar a dicha autorización.

Dos años después el representativo polaco, otra vez capitaneado por Deyna, casi repite la hazaña olímpica: esta vez cayó en la final contra Alemania Oriental. Luego, se clasificó cómodamente al Mundial de Argentina en donde quedó emparejado con Alemania Federal, Túnez y México. Grupo que ganaron gracias a las anotaciones de Deyna, Lato y del debutante Zbigniew Boniek. En la segunda fase enfrentaron a tres equipos sudamericanos: Argentina, Perú y Brasil. Solo derrotaron a los peruanos, cayendo en los otros partidos. Deyna, quien había anunciado su retiro internacional tras el torneo, esta vez fue autorizado por el gobierno polaco a fichar por el Manchester City. El general cruzaba el “telón de acero” junto a su familia.

 

La crisis y el Mundial 82

 

La crisis económica mundial de la segunda mitad de la década de 1970 produjo un estancamiento en los países del bloque socialista y luego un déficit que condujo a un proceso de acumulación de deudas y a una situación crítica en los pagos. Según el historiador Ivan T. Berend, en Polonia la deuda creció a tal punto que esta alcanzó un número cinco veces mayor que el de los ingresos. La situación fue caldo de cultivo para que en agosto de 1980 la ciudad de Gdansk se convirtiera en el epicentro de un movimiento huelguista. En dicho contexto nació la sindical Solidaridad bajo el liderazgo de Lech Wałęsa que en menos de un año alcanzó los casi diez millones de miembros, convirtiéndose en el grupo opositor más grande en Europa del este. Estados Unidos, sus aliados y el papa Juan Pablo II (el polaco Karol Wojtyła, de profunda postura anticomunista) apoyaron a Solidaridad tras ver la posibilidad de abrir un flanco en el bloque socialista. Hacia fines de 1981, el gobierno comunista polaco se vio acorralado; la Unión Soviética, de acuerdo a la doctrina Brézhnev (de intervención), le entregó un ultimátum: si el movimiento disidente no era sofocado por las autoridades locales el Ejército rojo sería enviado a tomar cartas en el asunto. El gobierno polaco declaró la ley marcial y miles de opositores fueron arrestados y encarcelados.

Stanisław Terlecki debutó por la selección polaca en 1976. A partir de ahí completó una serie de buenas actuaciones, pero se perdió el Mundial de Argentina por una lesión. Este seleccionado jamás ocultó su postura disidente y crítica hacia el régimen y sus autoridades ni tampoco su interés por unirse al movimiento Solidaridad como señala el medio Gazeta Polska Codziennie. En noviembre de 1980 antes del partido eliminatorio contra Malta, Terlecki fue cuestionado por proteger a su compañero Józef Młynarczyk —quien se presentó borracho a la concentración del equipo— en el incidente conocido como “el escándalo del aeropuerto de Okecie” y, días después, por ser el principal gestor de un encuentro del equipo polaco con el Papa Juan Pablo II en Roma en un claro acto de provocación hacia el régimen. Terlecki y otros involucrados, entre ellos la figura Zbigniew Boniek, fueron suspendidos por un año. Sin embargo, a diferencia del resto, Terlecki tuvo varios problemas para reinsertarse en el fútbol tras el castigo. Hacia fines de 1981 partió rumbo a Estados Unidos en donde se enteró de la imposición de la ley marcial. No asistió al Mundial de España ni tampoco volvió a calzarse la camiseta de la selección.

Para esa fecha, y tras una irregular campaña en el fútbol inglés, Deyna decidió marcharse al fútbol estadounidense uniéndose al San Diego Sockers de la NASL. Por cierto, no solo por el soccer apostó Deyna en tierras californianas: ese mismo año se le vio en pantalla grande, en la película Victory o “Escape a la victoria” del director John Huston donde interpretó a un ex futbolista y prisionero de guerra y en la cual compartió escena con Sylvestre Stallone, Michael Caine, Pelé, Osvaldo Ardiles, entre otros.

En medio de un agitado clima político y social Polonia asistió a un nuevo Mundial. Italia, Camerún y Perú fueron los rivales en la primera ronda. Capitaneados esta vez por Wladyslaw Zmuda lograron la clasificación en el último partido derrotando a Perú por 5 a 1. En la segunda fase quedaron emparejados junto a Bélgica y la Unión Soviética. Contra los belgas Zbigniew Boniek se desató y marcó un triplete. Días después, bastó un empate sin goles contra la Unión Soviética para clasificar nuevamente a una semifinal. Allí se encontraron con Italia (a la postre campeón) que les proporcionó la única derrota del torneo. Los polacos, esta vez comandados por el juego de Boniek y Grzegorz Lato (en su tercer y último mundial), derrotaron por el tercer puesto a la Francia de Michael Platini por 3 a 2. Sin embargo lo que ocurrió en Barcelona el 4 de julio, más allá del empate entre polacos y soviéticos, fue uno de los mayores triunfos propagandísticos de la oposición polaca, como lo señala el historiador José Faraldo. Ese día, exiliados polacos, miembros de Solidaridad y sindicalistas españoles, desplegaron en las gradas del Camp Nou dos banderas del movimiento Solidaridad las que fueron vistas en todo el mundo a través de la transmisión televisiva. Poco pudo hacer el embajador soviético presente en el estadio para evitar que fueran vistas. La televisión polaca, que transmitía con desfase para filtrar los contenidos, tampoco pudo evitar que en algunos momentos de la emisión las banderas salieran en pantalla. El torneo se había transformado en una ventana hacia el mundo y no solo en términos futbolísticos.

Tras el torneo, Boniek —con solo 26 años— fue transferido a la Juventus de Turín. Las autoridades cedieron ante sus propias restricciones y, quizás tentados por la gran suma ofrecida por los italianos, decidieron autorizar el traspaso de la figura polaca.

 

El ocaso

 

El Mundial de México 1986 se convirtió en la cuarta experiencia mundialista consecutiva para la generación de oro. Luego de empatar con Marruecos, derrotar a Portugal y caer con Inglaterra, se clasificaron a octavos de final como uno de los mejores terceros con apenas un gol marcado (Smolarek). En dicha fase, a modo de injusto final, el equipo capitaneado por Boniek fue vapuleado por el Brasil de Sócrates por 4 a 0. Ese día, el defensor Wladyslaw Zmuda ingresó en el minuto 83 convirtiéndose en el único de aquella generación en jugar los cuatro mundiales.

Durante la madrugada del 1 de septiembre de 1989, al norte de la ciudad de San Diego, Kazimierz Deyna chocaba su auto contra un vehículo estacionado. Múltiples lesiones acabaron con su vida el mismo año en que Polonia cambió para siempre: en medio de la apertura política, Solidaridad se sumó a un cogobierno junto al Partido Comunista y, a fines de 1990, Lech Wałęsa triunfaba en las elecciones presidenciales. En el fútbol, los polacos recién volverían a los mundiales en la edición de 2002 y luego repetirían en el 2006, sin embargo en ambos quedaron eliminados en fase de grupos.

Han pasado varias décadas de aquella generación que convirtió a Polonia en una de las selecciones de Europa del este más exitosas en copas del mundo y que se ganó un espacio en la memoria de muchos. Actualmente, Zbigniew Boniek conduce la federación polaca mientras Robert Lewandowski capitanea al grupo que este año irá a Rusia en busca de episodios tan sorprendentes como los de aquella exitosa selección rojiblanca que, en un principio, lideró un delgado y melenudo oficial de ejército cuya estatua hoy se erige en la entrada del estadio en donde ejerce de local el Legia de Varsovia.

 

* Profesor de Historia e hijo del hincha número uno del flaco Deyna y del pela’o Lato.

By | 2018-06-25T23:07:37+00:00 Junio 25th, 2018|Nueva Edición|0 Comments

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