LUKA MODRIĆ: LOS SIRVIENTES DE DALMACIA

Extracto del libro Pelota Cosaca de La Pollera Ediciones

En una de sus recurrentes visitas a su natal Dalmacia, específicamente en la localidad de Baska Voda, Luka Modrić fue al restaurant Del Posto con su esposa Vanja, lejos de esos ostentosos

lugares para ricos que le aburrían. La pareja, tras ser reconocida y ubicada en una mesa, fue abordada por el camarero: un sonriente hombre de estatura media, cabello castaño, brazos particularmente largos y dotado de una sonrisa particularmente acogedora. No les pareció que su cordialidad fuese forzada, sino una muestra genuina felicidad que sólo puede provenir de quien se encuentra en el ejercicio de su más profunda vocación. “¡Buenos días, mi nombre es Zdenko! Bienvenidos a Del Posto”, dijo con entusiasmo, “Espero poder servirles con al menos una fracción de la gracia con que el señor juega al fútbol”. Sonrientes ante aquella delicada y afectuosa recepción, la pareja se miró a los ojos, hasta que Vanja tomó la palabra y,  luego de devolver el saludo, pidió a aquel curioso camarero una recomendación. Casi sin pensarlo, como si hubiese sabido hace días que recibiría aquellas visitas ilustres, Zdenko afirmó con su sonrisa eterna: “Si me permiten el atrevimiento, ustedes, que deben haber visitado los más exclusivos restaurantes y probado los más exóticos platos, disfrutarían mucho de nuestro tradicional atún a la parrilla: su exquisito sabor les recordará aquel tiempo sin luces ni alfombras rojas, la felicidad que se encuentra en las cosas más simples. Si además me dejan sorprenderlos con un vino blanco especial para semejante bocado, les aseguro que la experiencia los acompañará por todo el día”. Conmovidos ante la bellísima alocución, aceptaron su propuesta y la disfrutaron con entusiasmo, mientras contemplaban la grácil figura en movimiento de Zdenko, que repartía variadas preparaciones y contagiaba sin excepción a cada uno de los comensales con sus ocurrencias, sumiéndolos a todos en una armonía que rara vez puede apreciarse en lugares como ese. Por momentos, a Luka le parecía que aquel mágico don de servicio de Zdenko era equivalente al suyo en el campo de juego, cuando a través de su inteligencia, técnica y creatividad, era capaz de sumergir a sus equipos en una sinfonía que terminaba tarde o temprano con un gol el arco contrario. Vanja, imbuida por la misma fascinación, hubiese querido invitar a Zdenko a compartir con ellos al hotel una noche inolvidable, pero la idea de seguro no habría sido aceptada por su Luka. Lo que a Luka sí pareció agradarle y no olvidó nunca fue esa especie de simetría que observó entre su fútbol y el camarero de Dalmacia, dos expresiones equivalentes de una habilidad única para hacer florecer todo lo que les rodea, y desde su armoniosa existencia lanzar estelas de alegría que sean capaces de iluminar los espíritus más opacos.

Cuando un grupo de niños en Zagreb le preguntó qué hubiese sido de no ser futbolista, Modrić no tuvo dudas: camarero. Sólo así podría haber expresado el mismo don que en el deporte le había significado la trascendencia.

By | 2018-07-11T17:52:53+00:00 Julio 11th, 2018|Nueva Edición|0 Comments

Leave A Comment