MALAIMAGEN: LA HABILIDAD DE TRAZAR EL MAPA

Por Daniel Campusano*

Dice que fue cosa de tiempo, que empezó sin ambiciones y, de repente, encontró esas líneas que le acomodaron: unos ojos, una boca, una cabeza distinguible. Ya estaba: sin imaginar las repercusiones de su hallazgo, Guillermo Galindo Kuscevic (1981) se encontró con Malaimagen para el resto de sus días.

No le molesta el denominativo de humorista gráfico. En su caso, un operador de lenguaje sintético, cargado de ironía y lecturas sociológicas. Galindo, el artista, en el 2007 comenzó a ventilar sus inquietudes políticas en un blog y los alcances fueron insospechados. Hoy, con treintaicinco años, es uno de los dibujantes más reconocidos y reconocibles del país. Su participación en la Revista Cañamo, sus viñetas de Tolerancia Cero publicadas en The Clinic y, por supuesto, sus nueve libros editados hasta la fecha, se han encargado de inmortalizarlo en el papel y, sobre todo, en ese ilimitado universo digital.

Guillermo accedió una mañana de agosto a juntarse con De Cabeza. Amable, reflexivo, irónico, nos habló de los vaivenes de su proceso creativo, de su diagnóstico de la contingencia chilena, de la universalización temática de su reciente publicación (Malditos Humanos, Reservoir Book), de su faceta como músico punk y, por supuesto, de su vínculo futbolístico que tiene como epicentro rememorativo el Colo-Colo de los noventa.

LAS BALAS QUE ENTRARON

Para comenzar, pensemos en el Rey Lear de Shakespeare, en ese bufón que le dice la verdad al rey cuando él no es capaz de entenderla. Al principio, el rey no lo considera porque supuestamente el bufón habla en broma, pero el lector sabe que le está diciendo una verdad muy seria. ¿Te identifica algo esa escena?

Sí. El humor tiene esa habilidad de infiltrarse en temas serios con cierta impunidad. En el fondo, le dice a la víctima de la broma que si se la toma en serio es un tonto grave, pero, a la vez, sabemos que esa broma siempre tiene un sustento real… El humor siempre ha sido un tipo de defensa. Da la capacidad de decir cosas graves que, en otro contexto, podrían tener repercusiones negativas. En el humor las cosas pasan coladas. Lo piola es lo poderoso. Pienso en las dictaduras, por ejemplo: usualmente los milicos no saben cómo reaccionar ante el humor porque no estaban preparados para eso. Su forma de funcionar es ante el ataque directo, no el sugerido.

Pienso también en lo que llaman “autoficción literaria”. El público no puede atacar al autor de una novela aunque el protagonista se llame como él mismo y tenga la misma vida. El autor puede decir perfectamente: “oye, esto es una ficción”.

A mí se me ocurre que el humor utiliza esa estrategia para meterse en ciertos temas. Porque piensa que los que trabajamos con el humor no somos guerrilleros y, como no tenemos modo de defendernos de un ataque violento, vamos finalmente al choque con esta estrategia… Ahora, si sales mal parado, bueno, tú te arriesgaste, pero es un poco así: pareces gracioso, sí, pero en verdad estás gritando otra cosa implícita. En mi rubro, por ejemplo, existen humoristas gráficos que han trabajado en medios de la tendencia política adversa, y han funcionado.

Recuerdo a Charly García diciendo que las letras de Seru Giran tenían mucha poesía porque así los milicos argentinos no las podían entender

Es que el humor no tiende a ser poético; generalmente se busca la simpatía rápida de la audiencia: así se tiene cierta defensa. Pero el humor gráfico puede ir más allá.

Corrígeme si estoy equivocado, pero a ratos noto que en tu trabajo, si bien abundan los dardos a la clase dominante (digamos la elite política y empresarial), hay también un diagnóstico de la clase media chilena como una sociedad ferozmente individualista, ignorante de sus derechos y deberes.

No, no estoy de acuerdo. Yo no grafico la clase media o baja como la estás leyendo. Lo que pasa es que al hacer viñetas uno moldea el comportamiento negativamente, se destaca lo malo, lo que sale mal, la pifia: el tipo que se resbala con la cáscara de plátano; se puede caer y romper la cabeza, pero el hecho es gracioso. En el humor no se acostumbra a enfatizar las cosas que se hacen bien.

Yo lo interpretaba, tal vez, como un triunfo del modelo imperante, o tal vez, sencillamente de la naturaleza humana.

Obviamente sí pretendo retratar el individualismo, el egoísmo y la falta de empatía. Por supuesto que hago ese tipo de alerta, pero asumo que no estoy hablando de una mayoría general. Yo no creo que el ser humano por naturaleza es malo e individualista. Yo atiendo los vicios de la sociedad, y también se me ocurre que estos son modos de funcionamiento que han tomado ciertas culturas. Por ejemplo, todos asumimos que el capitalismo es algo que funciona y, sin embargo, hay guerras por el capitalismo, hay desigualdad, explotación, y cosas que ya dimos por hecho que ya son parte de… Pero no se olvide que, finalmente, fue un camino político que tomaron individuos de una sociedad. Podían existir otros.

Tomando una viñeta tuya donde un personaje relativiza los asesinatos en dictadura, pero insiste en tratar de asesinos a quienes están a favor del aborto. Pensando, además, en lo tardío de la ley de divorcio, la ley del hijo natural, la unión civil entre homosexuales, da la impresión que te inquieta mucho este velo conservador chileno.

Es que es impresionante. Y en mi trabajo, además, trato de retratar un doble estándar bastante ridículo. Un político en Chile puede estar públicamente contra la ley de divorcio (para quedar bien con algo) y, a la vez, estar separado de su esposa. Para qué decir los abortos del barrio alto y las marchas pro-vida. Me acuerdo que en el canal 13 se prohibían las campañas de prevención del SIDA. Ahora bien, de todo esto, el tema del aborto me parece lo más grave porque es un tema de salud púbica que es intervenido por fanáticos religiosos, por moralismos, por cosas que no tienen que ver con la ciencia ni con medicina. Se notan acá las consecuencias nefastas de ciertas ideologías y de grupos de poder que necesitan imponer su verdad al resto. ¿Viste la niña de once años embarazada y que esta gente le sugería tener la guagua?… Pero bueno, finalmente soy algo optimista. Pienso también que estamos presenciando una apertura lenta, que debería agarrar más fuerza.

¿Y es importante el rol del parlamentario empujando esta apertura?

Sí. Todos los frentes de lucha suman. El parlamento, la calle, son todos espacios que se pueden ocupar o no ocupar. Al respecto pienso que hay mucha gente que es absolutamente politizada que no vota por convicción, y no por esto, deja de luchar por pelear por meter parlamentarios progres para que hagan esto y lo otro… No. Creo que eso sería minimizar las luchas que ha dado otra gente, por ejemplo, lo que hicieron los secundarios en el 2011.

¿Te acuerdas de esa portada de LUN que decía, respecto a la lucha de los secundarios, “cabros, no se suban por el chorro”?

Es que hay gente que se esfuerza verdaderamente en que nada cambie. Tiene terror a perder su comodidad. Hay grupos influyentes que tienen instituciones educativas con fines de lucro, que no quieren que se les termine el negocio. Hay una mezquindad abismante.

Alguna de tus viñetas relacionan el portonazo y la evasión fiscal, el delincuente con o sin corbata. Tenemos un ex presidente electo democráticamente como Piñera, con todas las de la ley, pero con un prontuario de delitos económicos. Pensando que hoy aparece nuevamente en las encuestas, ¿tú crees que en Chile hay alguna valoración por la “viveza”; que “si no te pillaron la hiciste”?

La verdad, no creo que Piñera haya salido presidente y pueda salir presidente de nuevo porque la gente valore que es pillo, que sepa hacer trampa y pasar piola. Más bien, yo creo que existe la percepción de que todo es turbio, y un turbio más o menos, no impresiona. Piñera salió porque la gente estaba aburrida y desconfiada de la Concertación. Fue un voto castigo más que partidario.

¿Pero te parece que él, en particular, es indemne? Que, como plantea Carlos Peña, nadie le pide nada moralmente y, por eso, ni siquiera se juzga.

Que no se te olvide que él hizo su fortuna con ciertas truculencias como todos los milonarios en dictadura. A Ponce Lerou le regalaron tierras, muchos se repartieron el Estado de manera desfachatada. Piñera viene de allí. Todos los poderosos de hoy se enriquecieron mediante turbiedades y eso todos lo sabemos. Lo que pasa es que asumimos que jamás devolverán esa plata. “Ya pasó”. Y acá por supuesto aparece la prensa ideologizada que no pretende transparentar esto. Es impactante escuchar que el gobierno de Piñera lo hizo “bien a nivel económico”, y ver a varios de sus ministros o subsecretarios formalizados. Por supuesto su estrategia será decir que “ellos fueron”. Fue Golborne, no yo. Fue Longueira, no yo.

Después de un año, ¿qué crees que dejó finalmente el caso CAVAL? ¿Qué piedras crees que removió en particular?

Bueno, primero destruyó la imagen inmaculada de una presidenta. En su primer gobierno veías que existía mucha disconformidad con los temas país como salud y educación, pero ella se mantenía impecable… Pero Caval fue el peor golpe bajo que pudieron darle. Y dio lo mismo verificar o no si ella estaba involucrada. Como que se abrieron los ojos. Se advirtió que su sector estaba actuando igual de sucio, que Penta no estaba solo en la derecha. Hay información privilegiada, hay tráfico de influencias, una nuera especuladora, un hijo juntándose con un millonario financista de su madre. Todo muy irregular. Cualquiera puede entender que estas cosas son normales en el mundo empresarial, pero nadie lo esperaba de Bachelet, de la mami, a la que no le entraban balas.

Una pregunta difícil: ¿tú crees en la posibilidad de que ser funcionario público y ensuciarse una vez para un bien común? Por ejemplo, dar una licitación y con esa plata construir algo beneficioso para la ciudadanía.

No, no. En ningún caso. Mira a Iván Fuentes diciendo que sí aceptó platas de las pesqueras, pero, realmente, nunca cambió su posición, y que lo hizo por el bien de todos, que era para llegar al parlamento… Pero no pues, tienes la representación de una causa, y el fin no justifica los medios. Si te ensucias una vez, cómo vas a parar después. Obvio que puede decirse: “Pablo Escobar tenía contento a todo su barrio”.

PIENSO, DESPUÉS DIBUJO Y ROCKEO

En tus viñetas, ¿puedes identificar un proceso creativo? ¿Aparece la idea primero y el dibujo después?

He ido cambiando mi proceso. Antes me ponía a dibujar cualquier cosa y después pensaba el chiste. Ahora comienzo a dibujar cuando ya tengo la idea. Determino dónde quiero pegar el golpe y, bueno, defino los personajes… Y en cuanto a los textos trato que sean los más sintéticos posibles: el mensaje debe entrar con fuerzas, si uno se va por las ramas, o se adorna mucho todo, termina algo sobre explicado. Y yo no hago tesis ni panfletos.

Al tratar temas tan álgidos, ¿tienes algún resguardo de caer en el facilismo o populismo?

Sí. Y sobre todo ahora con Internet que sale cualquier cosa y hay millones de memes. Uno tiene que darle una vuelta para que el chiste no sea muy obvio, y por otro lado, yo intento siempre no caer en un humor discriminatorio, básico.

¿Te arrepientes mucho?

Sí. Hay varios dibujos que ahora los veo y digo “no los logré”, o que se entendieron de una manera distinta porque no afiancé bien la idea. Entonces digo, “bueno, los pude no haber publicado”, o “los pude haber dibujado mejor”. Pero también eso responde a un contexto de tiempo, de premura.

Hablemos un poco de tu papel en tu banda Punkora…Tal vez, la música y el dibujo puedan parecer dos mundos contradictorios: por un lado la soledad y tranquilidad, y por otro, el trabajo en conjunto y la exposición en un escenario. ¿Vives esta diferencia?

Sí. Por un lado puedo ser ermitaño y, por otro, público. Pero al momento de hacer canciones, me siento muy cercano a la creación de viñetas. En ambos casos hay que lograr una síntesis, un mensaje potente con pocos elementos. Hacer una canción de punk-rock es eso: resumir en dos minutos y medio una idea y darla con fuerza, meterle sarcasmo, ironía, que es lo mismo que hago en las viñetas.

¿Te sientes a veces repitiendo tus temas como dibujante y compositor?

Claro que sí, es el mismo cerebro, sólo cambia el formato. Hay canciones sobre la corrupción y, otra, que es como “boleta o factura”. Y por otro lado piensa que yo tengo la banda hace dieciséis años, antes de empezar con Malaimagen. El pánico escénico ya lo perdí en los dos frentes.

Respecto a tu nuevo libro Malditos Humanos (Reservoir Books, 2016), ¿existe una idea de universalización, de plasmar la naturaleza humana más que la fauna chilena?

Sí. Me centré y fui reuniendo material sobre aspectos más universales del ser humano. Y no buscaba esto para que mi trabajo se internacionalizara, sino porque sentí que era hora de hacer algo más global: representar los vicios de la sociedad de manera más amplia y no tan limitado al país. Trabajar temas como la explotación, el conflicto de género, el poder de los medios de comunicación. Identificar, en el fondo, comportamientos esenciales más globales y retratarlos.

Vi alguna viñeta sobre un tema cada vez más espinoso: el auge del feminismo. ¿Notas que han cambiado las formas (se han intensificado los cuidados) para referirse a la mujer erótica o sexualmente?

Yo noto que está pasando y espero que siga pasando. Yo me alegraría bastante que decir, por ejemplo, “el medio culo de esta mina” frente a otra sea motivo de discusión. Es muy fácil para uno como hombre decir: “oye, le estás dando color”, cuando uno no es el ofendido. Entonces, si ahora hay que cuestionarse todo (la publicidad, el humor, etcétera), yo lo encuentro buenísimo. Ojalá pase, ojalá se extreme lo más posible: hay que erradicar prácticas que son impositivas, agresivas. Y claro, quizás en este contexto a veces ocurran situaciones de defensa media burdas, pero finalmente todo cae por su propio peso. Y para eso tiene que haber un debate constante, una defensa. A nosotros como hombres se nos ha insinuado que tirar piropos en la calle es como pintoresco, folklórico. Y para nada, es violento. Yo una vez trabajé en una empresa donde habían muchas mujeres, y era muy común que contaran que las perseguían en las calles tipos masturbándose, que les gritaban cosas, que las toqueteaban. Hay que erradicar de lleno ese humor tipo “Morandé con Compañía”, el humor discriminatorio, el humor sobre el homosexual, etcétera…

LA OSCURIDAD COPORATIVA Y LA GRATITUD AL RAMBO RAMÍREZ

¿Algún vínculo como hincha, jugador, espectador?

Me gusta desde chico. Antes iba mucho al estadio; ahora voy cuando puedo y, a veces, no tanto como quisiera. Yo la verdad era muy malo para la pelota, pero quería jugar, siempre. Entonces, muchos dibujantes siempre cuentan la misma anécdota, que como no jugaban bien a la pelota terminaron dibujando: ese era el mundillo donde te escondías. Como no había nada más impopular que ser malo para la pelota, se buscaban resguardo en otros lados.

¿Has dibujado sobre fútbol?

Sí, cuando niño tenía una historieta que era una mezcla entre los Barrabases y los Supercampeones. Respecto a Barrabases, esta para mí fue una historieta muy importante: influyente en mi forma de dibujar y hacer historias. Todavía la sigo encontrando buenísima, de lo mejor que se ha hecho en Chile.

Por tu trabajo tienes que consumir mucha contingencia. ¿Sigues el fútbol chileno o internacional?

Trato. Y es que ahora ver los partidos no es tan fácil como antes. Hay que tener tv cable, después el CDF, después Premium, y después no sé qué más. Pero las Copa América o los Mundiales los veo completos. Por supuesto que esta forma de mercado distanció a la gente. Antes me acuerdo de ver partidos por la TV abierta. Recuerdo incluso haber visto finales de segunda división… Al final, se nota que a los dirigentes no les interesa que vaya gente al estadio, sino que sigas consumiendo el CDF.

¿Eres colocolino, cierto?

Sí. Me encanta, pero como tengo escaso tiempo entre el dibujo y la música, me encuentro un mal hincha, un mal fanático. Siento que no alcanzo darle la importancia.

Pensando en el momento actual de la selección, ¿crees que puede ser dañina este exitismo momentáneo? Una trampa para las nuevas generaciones de aficionados que no entienden mucho de derrotas.

Pensando en la educación de los niños, pienso que unas de las cosas más importantes es enseñarles a manejar la frustración, a tener cuidado con las expectativas. Para nuestra generación, nacida en los setenta u ochenta, nunca pensamos que íbamos a ganar algo. Antes de Bielsa vimos a Juvenal Olmos, al Pelao Acosta, y de repente sale Arturo Vidal echándole la foca a Brasil. Vimos el nacimiento de una generación con actitud, que no miraba a nadie con miedo. Esa quedó Brasil, ahí quedó Brasil”, ahora a todos nos hace mucho sentido… Pero, en el fondo, los niños deben entender que lo actual es un proceso que se hizo con mucho trabajo, que no es casual.

¿Crees que el chileno es realmente futbolizado, o que existe un auge solamente por los buenos resultados?

No creo que Chile sea un país futbolizado. Hay gente que ve los partidos de la selección solamente porque es una instancia social de juntarse, tomar algo, y me parece bien. Igual que cuando veíamos al Chino Ríos sin entender de tenis. Y cuando nos vaya mal, la gente disminuirá su interés por seguir el fútbol e ir al estadio. Y por esto, desde luego, los dirigentes van a aprovechar el momento de saquear todo lo posible y retirarse. El otro día escuché a un presidente diciendo que era innecesario bajar el precio de las entradas porque, en el fondo, igual se vendían los tickets. Lo que no estaba diciendo era que existe gente que puede pagar y otra que no. Actúan por una lógica del mercado donde no hay concesiones con su público más fiel.

¿Te acuerdas que, en la última Copa América, los mismos jugadores se extrañaron y molestaron porque el estadio estaba callado?

Es que no era un público con cultura de fútbol. Era sólo el que podía pagar… A propósito me acordé de una columna de Hermógenes Pérez de Arce que hablaba de que ese público era el “Chile bien”, el Chile que queríamos: el Chile que no hacía desorden, que no gritaba, y que ahí se demostraba que la educación privada era mejor que la educación pública. Hermógenes, en otras palabras, está diciendo que “ese es el Chile decente”.

¿Qué opinas del protagonismo del fútbol en los noticiarios? ¿Crees que hay responsabilidad de los medios en descuidar temas más significativos o urgentes?

Yo no creo en la conspiración de que te ponen fútbol para que no veas la ley que están haciendo, eso me parece una caricaturización de la situación. Yo creo que, sencillamente, lo ponen porque da más plata de los auspiciadores. Pero, a su vez, creo que la prensa tiene que tener el deber ético de sopesar noticias y de darle la importancia a temas que realmente lo merezcan. Cuando ves esas portadas del amigo de Vidal o Alexis; allí hay una irresponsabilidad social, son decisiones editoriales conscientes.

¿Es el fútbol, finalmente, una herramienta política poderosa?

Bueno, está claro que los presidentes han ocupado el fútbol para su beneficio cada vez que han podido. Lo trató de hacer Pinochet con Colo-Colo, Bachelet con Bielsa, Sampaoli y los jugadores. Piñera lo intentó con Bielsa pero no le resultó… Pero respecto a los futbolistas, durante mucho tiempo nos hicieron ver que eran tipos tontos que solamente pensaban en fútbol, y eso creo que es una injusticia muy grande porque se les obligaba a ser ejemplo para los niños de cómo jugar a la pelota, pero no meterse en nada más. Pero de repente sale Beausejour y, lamentablemente, es presentado como una excepción.

Cuando Colo-Colo salió campeón de la Libertadores, Mirko Jozic se quedó en pana y se bajó a empujar el auto. ¿Cómo analizas el glamour actual, el dominio de las marcas?

El mercado logra que gente que no tenga plata pueda comprar a través del crédito. Gente que siempre quería tener la marca que estaba de moda, la zapatilla de marca: gente que no quería verse más excluida de los privilegios. A la gente que sentía la necesidad de tener una tele, una ropa impuesta por la publicidad, se le dio una solución: te damos el crédito, y de ahí vemos cómo nos pagas. Se abrió mucho el mercado, aparecen potenciales nuevos clientes que es gente que no tiene el poder adquisitivo, pero sí la posibilidad de endeudamiento… Si alguien que gana el sueldo mínimo quiere comprarse una camiseta de fútbol original, no es porque sea un imbécil, es porque tiene ese deseo que se le creó, él quiere identificarse con su futbolista que está viendo en los carteles.

Para terminar, ¿alguna jugada que te haya quedado grabada?

Si tuviera que elegir, hay dos que nunca se me han borrado y en ambas tiene protagonismo el Rambo Ramírez cuando le ataja un penal a Huachipato en los últimos minutos, recién ingresado. Expulsan a Claudio Arbiza y él entra haciendo show, demorándose, marcando la pelota en el punto penal. Lo atajó adelantándose mucho, pero valió igual, y Colo-Colo ganó 3 a 2. Esto fue en 1995… La segunda es una maravilla, y ocurre cuando el Rambo se lesiona y a Colo-Colo ya no le quedaban cambios. Jugaba una Supercopa frente al Flamengo de Bebeto en el 96, y se tiene que poner al arco Pedro Reyes. En los últimos minutos Reyes se manda una doble tapada impresionante, de infarto. Esa tarde Colo-Colo ganó 1 a 0 con un golazo de Marcelo Espina.

Como último ejercicio, te voy a nombrar algunos dibujantes chilenos y tú debes posicionarlos en la cancha.

Guillo: Delantero. Calma, sabiduría, fineza.

Alberto Montt: Defensa. Mucha estructura.

Francisco Olea: Medio campo. Talento, visión, mirada periférica. Sale jugando. Piensa, resuelve.

Themo Lobos: Al arco. Oficio. Experiencia

* Editor de la Revista De Cabeza. Autor de la novela “La Incapacidad”, y del cuento “Las espinas del pescado”, que forma parte de la antología “Relatos del Capitán Yáber”. Fue director de la Revista Grifo.

By | 2017-04-05T14:54:13+00:00 Septiembre 30th, 2016|Edición Anterior|0 Comments

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