PLATKO, EL BIELSA HÚNGARO

Por Felipe Pumarino*

 

 

“Es como si naciera de nuevo. Juro que entraré a alguna escuela nocturna para aprender algo más. No puedo seguir así”. Corre 1959, Chile se prepara incluso a nivel académico para acoger el Mundial y Norton Contreras ꟷentre lágrimasꟷ se despacha esta tremenda confesión. A los 41 años, ha decidido partir de cero. Durante una charla dictada por el francés Gabriel Hanot, el viejo crack colocolino ha notado con espanto que no sabe nada de táctica, que no sabe nada de fútbol, que no sabe nada de nada.

Es bien raro lo de Norton Contreras, quien por cierto en verdad se llama Luis Armando Contreras, un tipo que nació en 1918 en la salitrera Aguas Blancas y anda a saber tú por qué diablos durante su infancia en la población el Pinar ꟷal ladito de La Leguaꟷ lo apodaron Norton para la posteridad. Es raro porque dos décadas antes, ha sido actor protagónico de la mayor revolución táctica que registre la historia del fútbol nacional.

 

Es la revolución que dirige Francisco Platko.

 

Pero antes de hablar de Platko ꟷquien por cierto se llama Ferenc Plattkó y nació en Budapest, Imperio austrohúngaro, cuando aún se desgranaba el siglo XIXꟷ no estaría de más un recuerdo para Norton. Miembro de esa raza de futbolistas que no le cae mal a nadie (imaginemos a Chita Cruz, al Loco Araya, a Gary Medel), es un interior izquierdo técnico y veloz. Tan malo no debe haber sido: número fijo en Colo-Colo y la selección, termina su carrera tirando buenos centros en Banfield y América de México.

“Malo no debe haber sido”: impreciso, ¿no? Es que resulta chueco hablar con autoridad de tipos que casi nadie ꟷvivoꟷ vio jugar; es más, parece imposible imaginarse cómo era un partido en Santa Laura o en el Fortín Mapocho en los ‘40. ¿Cómo saber cuán idolatrado era Raúl Toro o qué tan charro era Moreno? Muy sueltos de cuerpo, hoy armamos rankings históricos y selecciones ideales que rara vez miran más atrás de los ‘60, con suerte. ¿Sería Norton mejor que Jean Beausejour? No lo sabremos nunca.

Pero volvamos a lo nuestro. En 1959, Contreras lleva diez años jubilado y aspira a convertirse en entrenador. Para eso se cultiva con el susodicho Gabriel Hanot, quien ha sido contratado por la FIFA para dictar en Santiago una ronda de charlas especializadas. Entre su auditorio abundan futbolistas al borde del retiro, “gente del medio” y ociosos varios. ¿Hanot no suena hoy “ni en pelea de perros”, cierto? Seleccionador galo en los ‘40 e institución periodística mundial, el fundador de “L’Equipe” es a mediados del siglo XX una suerte de teórico del balón que recorre el planeta enseñando rutinas de entrenamiento, disciplina deportiva y, por sobre todo, táctica. Esta última, por cierto, en Chile lleva casi veinte años bastante aprendida. Pero muchos ꟷincluso actores principales, como Nortonꟷ no se han dado cuenta.

 

“Por altito y sin bote”

 

¿Habrá sido más importante Platko que Bielsa o Sampaoli en la historia del fútbol chileno? Anda a saber. Lo que sí sabemos es que antes de 1939 en Chile se practica un fútbol “rústico”, siendo generosos. Una definición precisa la encarna el pobre Bádminton, que durante casi dos décadas de profesionalismo se dedica ꟷcon éxitoꟷ a perfeccionar el prehistórico estilo británico del “por altito y sin bote”. A saber: si tu equipo tiene la pelota, a toda costa debe intentar pasársela al arquero, quien de un zapatazo la manda lo más alto y lejos posible para que la peleen los grandotes de adelante. El “zapallazo” elevado a sistema táctico: así se explica que esos pocos talentosos que se dejan caer por nuestras canchas ꟷcomo Toro o Morenoꟷ refulgen como estrellas de Hollywood.

También sabemos que dejamos de jugar así gracias a Platko. Como arquero, “malo no debe haber sido”: titular siete años en el Barcelona, campeón de la Liga inaugural y en algún momento considerado el mejor portero de Europa; su actuación en la final de la Copa de 1928 ꟷdonde acaba ensangrentado tras trancar dos patadas con la cabezaꟷ incluso merece el poemita “Oda a Platko” de un tal Rafael Alberti. Retirado en 1933, el Oso rubio de Hungría pasa años dando bote como DT por el planeta fútbol: dirige al propio Barça, al Arsenal de verdad, a la selección de Estados Unidos y al Celta de Vigo en plena guerra civil española. En suma: algo de cuento tiene el viejo mañoso. Porque incluso en sus fotos juveniles, Francisco luce cara de viejo. Y de mañoso.

Escapando de varias guerras que fueron destruyendo cada lugar que había alcanzado a querer, ese 1939 llega Platko a Colo-Colo. Y acá lo cambia todo.

 

El chileno obediente

 

Pero antes, volvamos por unos segundos a esas charlas de 1959 que nos empujan a la autoflagelación. “El chileno aprende con facilidad, es de mente despierta y salida pronta… sólo le falta aprender a hablar”, dictamina Hanot. Desconocemos si con esa sentencia tan rotunda busca halagarnos u ofendernos. Según revista Estadio, es la primera vez que alguien dicta cursos formales de táctica en Sudamérica. “Llegué a la conclusión de que no sabía nada”, admite Luis Álamos, alumno aventajado de Luis Tirado, el primer gran entrenador chileno y eterno bombero de las selecciones nacionales. Tirado, a su vez, es quizás el único discípulo de Platko. El cascarrabias húngaro nunca dictó curso alguno, huelga decir. Sí escribió un libro: Arte y Ciencia del Fútbol Moderno.

 

El juego científico

 

Basta de amagues: ¿qué diablos trae Platko desde la atribulada Europa? Sin pasar por Argentina, Uruguay ni Brasil, importa lo que con cierta pompa se da en llamar “el juego científico”. Durante esos años, la palabra “ciencia” aún ofrece connotaciones misteriosas. Es lo mismo que pasará luego con términos como “atómico”, “robótico” o “proactivo”. En 1939, sumarle a cualquier cosa el adjetivo “científico” equivale a darle un aval de seriedad y vanguardia. Ese “fútbol científico” se comenta de oídas en Sudamérica sin saber muy bien de qué se trata. Pero en verdad es algo muy simple: estamos hablando de marcación.

A fines de los años ‘30, en nuestras canchas aún rige un pacto tácito ꟷy de caballerosꟷ que les impide a los defensas marcar a los delanteros. Para entenderlo, imaginemos una línea de zagueros formada por dos tipos que cruzan mitad de cancha un par de veces al año. Su papel es despejar lo más lejos posible las pelotas divididas, cabecear envíos largos y pegar patadas maleteras cuando el atacante es más rápido. Lo que no hacen es marcar: no saben situarse delante del rival, retroceder de espaldas mientras él avanza, estorbar su avance para ganar tiempo e intentar puntearle el balón sin cometer foul. Cuando llega a Colo-Colo, Platko les enseña a sus jugadores a recuperar balones y no limitarse a mirar.

 

Resumen ejecutivo: el “half policía”

 

Esquemático, rígido e incluso “defensivo” para los estándares sudamericanos, Platko trae otras novedades que aceleran la profesionalización del fútbol chileno (y durante un lustro nos vuelve un enigma para clubes extranjeros). Con casi quince años de retraso, estrena en Sudamérica la WM, esquema parido justamente en el Arsenal que instala a tres defensas en el fondo y dos volantes retrasados. El defensa central (half policía) persigue al centrodelantero rival por el frente de ataque, algo jamás visto por estos lados. También se preocupa como nadie antes por la disciplina de sus planteles, dentro y fuera de la cancha. Su primer mandamiento es rotundo: el borracho no juega. Otras gracias: su énfasis en la preparación física con nuevos métodos de entrenamiento (especialmente para los arqueros), la supervisión de la dieta de los jugadores y la incorporación de médicos a su staff.

 

Se acabaron los sportsmen

 

Ya establecimos que “los chilenos aprenden con facilidad”. Los jugadores colocolinos, incluyendo al bueno de Norton, rápidamente adoptan en 1939 el nuevo ordenamiento táctico en los entrenamientos. Cuando el “fútbol científico” se estrena de manera oficial en nuestras canchas, pasan dos cosas:

 

  1. Roto su eterno pacto de no agresión con los defensas, los confundidos delanteros no saben qué hacer cuando los marcan; al otro lado, los zagueros se marean. En las primeras siete fechas, Colo-Colo suma seis triunfos (incluyendo un 4-1 a Green Cross, 7-1 al Audax, 5-1 al Santiago National y 9-1 en el clásico con Magallanes).

 

  1. Pasmados, los hinchas critican sin piedad a Colo-Colo y al técnico que ha caído en la vulgaridad de inventar un sistema “tan poco deportivo”. No hay que olvidar que en esta época “deportividad” (sportsmanship) aún es sinónimo de “caballerosidad”. En la pifiadera, que dura meses, también participan los propios seguidores colocolinos (!), espantados de ganar con armas tan rascas.

 

Al cabo, ahogando a sus rivales, Colo-Colo gana caminando ese extraño campeonato de tres ruedas. Tan cacareada es la revolución táctica de Platko, que logra una pequeña proeza: cuando Santiago aún dista a varios años luz de Buenos Aires, el DT es “transferido” a un River Plate que busca recuperar los títulos aplicando ciencia.

 

Esta pregunta es fácil: ¿Cómo le va a Platko en la Argentina? Obvio: como las pelotas.

 

Uno podrá acusar de muchas cosas al hermano pueblo trasandino, pero jamás de obediente y calladito. El llamado “estilo rioplatense”, que en 1940 exige ganar jugando bonito, no congenia jamás con el mecánico espectáculo del “fútbol científico chileno”. Los cracks millonarios ꟷPedernera o el propio Charro Morenoꟷ sienten sometido su talento a la rigidez del esquema; incómodos, no defienden ni anotan y pronto se afanan a esa vieja costumbre de hacer la cama. Tras una primera rueda de porquería, Platko es despedido; en la segunda rueda, River gana, gusta y golea. Poquito más y sale campeón.

 

La táctica gana sola

 

Chile acoge de vuelta a Platko con brazos abiertos. Acá sí hemos entendido a palos que, cuando el talento escasea, no es malo jugar ordenadito. Ausente el gringo, en 1940 el campeón ha sido la Universidad de Chile dirigida “científicamente” por Luis Tirado. El 41, reinstalado el húngaro en la banca, Colo-Colo concreta una proeza: anotando 3,5 goles promedio por partido se corona invicto, logro nunca repetido. Los campeones, encabezados por Norton Contreras y el Tigre Sorrel, pasean a Platko en andas por la cancha de Carabineros: como pocas veces, al curtido DT se le ve sonriendo.

“Colo-Colo, sin contar con elementos superiores a los demás equipos, gana ininterrumpidamente sólo porque juega con táctica”, dictamina la recién fundada revista Estadio, ferviente defensora de la inesperada profesionalización del medio que ha traído Platko, quien ese mismo año es llamado a dirigir a la selección chilena.

Durante un lustro, nuestro fútbol se vuelve indescifrable. Las ocasiones para medir fuerzas con equipos extranjeros no abundan, pero cuando ocurren los rivales no logran entender a qué juega Chile. Y así en 1945, durante el Sudamericano jugado en nuestro Estadio Nacional, estamos a punto de ahorrarnos 70 años de mufa: la Roja le gana a Ecuador, Colombia, Bolivia y Uruguay, empata con Argentina y en la última fecha ꟷera que noꟷ se cae frente a Brasil y todo queda ahí mismo. Desde entonces, Platko va y viene. En 1949, porfiado, parte a dirigir a Boca Juniors confiado en que sus tácticas servirán en cualquier parte, incluso allá: los xeneizes casi descienden. Luego dirige una docena de clubes chilenos y extranjeros, pero solo vuelve a campeonar en el Colo-Colo ‘53 de los hermanos Robledo.

 

“El entrenador que enseñó disciplina”

 

Así se titula una columna firmada por Isidro Corbinos, español que llegó a bordo del Winnipeg y acá sería maestro de generaciones de periodistas deportivos. En la edición 1.000 de Estadio, a los cronistas habituales se les brinda media página para decir lo que quieran. Corbinos elige hablar de Platko: “Sus ideas fueron imponiéndose, una a una, no sólo en el país sino en todo el mundo […] trajo consigo algo que lo hizo desagradable: la implantación de una rígida disciplina, que le valió no pocos rencores. En una ocasión en que tuvo a su cargo al seleccionado nacional, se hallaba concentrado en la Escuela de Carabineros. En las tardes, efectuaban prácticas en la cancha que terminaban con dos o tres vueltas al trote al anochecer. Tres seleccionados se colocaban siempre los últimos. Cuando era ya oscuro, sin que pudiera notarse, se desprendían de la fila, salían por un portillo y se iban al bar de la esquina. Hoy esto no es posible. Los tiempos han cambiado y la mentalidad de los jugadores profesionales es otra”.

 

Volvamos a ver a Platko

 

Autoexiliado una década en Brasil, Platko termina jubilando del fútbol en San Luis el ‘65. Pero el viejo es duro y aguanta casi veinte años ese cruel destino que padecen los entrenadores retirados. Sus últimos años los sufre en el gélido departamento F de Avenida Santa María 0112, en Santiago. En silla de ruedas, enfermo de pobreza y olvido, recién viene a morir de cáncer el 2 de septiembre de 1983. Por líos administrativos, sus huesos pasan años medio perdidos en el Cementerio General. Desde 2015, por fin, Ferenc-Francisco Platko descansa en paz en el Mausoleo de Viejos Cracks de Colo-Colo. Y muy cerquita, casi a su lado, reposa el pobre Norton Contreras (quien, por cierto, nunca llegó a entrenar algún club profesional).

 

* Periodista, acumulador de estadísticas de fútbol, coleccionista de Cachupines, hincha de Iberia, la U. de Chile, Huracán y el Schalke 04.

By | 2018-06-25T23:04:41+00:00 Junio 25th, 2018|Nueva Edición|0 Comments

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