REMINISCENCIAS DE YUGOSLAVIA

Extraído del libro Pelota Cosaca de La Pollera Ediciones.

“Deje de enviar personas a matarme, ya hemos capturado a cinco, uno de ellos con una bomba y otro con un rifle. Si no deja de enviarme asesinos, enviaré uno a Moscú y o tendré que enviar un segundo. Fraternamente, Tito”. Esas fueron las palabras contenidas en la  misiva que envió el Mariscal Josip Broz al compañero Stalin, líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, aclarando el rol de su nación en el nuevo orden mundial. Tras terminar de escribirla de su puño y letra, y recibir noticias respecto de los cuidados a los que eran sometidos en prisión los sicarios rusos, Tito fue a supervisar los entrenamientos de la selección de fútbol de la Yugoslavia socialista, que se preparaba para debutar internacionalmente en los Juegos Olímpicos de Londres 1948. Su felicidad no podía ser mayor cuando observaba las hermosas jugadas ofensivas que construían el croata Stjepan Bobek y el serbio Rajko Mitić, que a sus ojos constituían una maravillosa metáfora de su utopía paneslava que comenzaba a hacerse evidente en todas las actividades del país. La dupla sería el ejemplo de los beneficios de la unión de pueblos balcánicos y una inspiración para aquellos que se atrevieran a desafiar la integridad del proyecto: esa era la oportunidad de rectificar sus pensamientos observando el virtuosismo de los gladiadores sobre el campo de juego.

Nuevos clubes como el Metalac (trabajadores del metal), el Radnik (obreros), el Proletar (proletarios), Rudar (mineros), Željeznicar (ferroviarios), Radnički (trabajadores unidos), Sloboda (libertarios), Napredak (progresistas) y Budućnost (futuro comunista) se unieron a los tradicionales pero rebautizados Partizan Belgrade, Crvena Zvezda (Estrella Roja) Belgrade, Dinamo Zagreb, Proleter Zrenjanin y Spartak Subotica, para representar los valores de la nueva patria, que además de la liga nacional competirían en la flamante Copa Mariscal Tito. Los años posteriores profundizaron su obsesión por el deporte. En ello se jugaba la aceptación de su legado y de los costos humanos que a su juicio eran necesarios para la estabilidad yugoslava. Comenzarían así a aparecer gladiadores que según sus propias palabras representarían a un deporte “liberado de las pasiones negativas y comerciales, especialmente peligrosas para amigos y organizaciones deportivas que permitan la aparición de hostilidades nacionalistas. Son los jóvenes quienes deben hacer frente energéticamente a estos fenómenos”.

Toda esta obra y las grandes proezas de los atletas nacionales rondaban la mente de Tito, cuando el 4 de mayo de 1980 fue alcanzado por la muerte tras una gangrena que inició su tránsito a un plano de la existencia en la que no habría Yugoslavia ni socialismo ni fútbol. Y no sólo su existencia física sería extinta, sino también la utopía a la que había entregado sus fuerzas: la selección yugoslava desaparecería junto con el país al que Tito entregó su vida, para dar paso a naciones independientes. Croacia y equipo nacional, ahora envestido con una camiseta de cuadros rojos y blancos, mirarían su figura como una reminiscencia de una utopía que vuela como cenizas en el viento.

Pero más allá del paso del tiempo y la historia, las huellas del pasado se hacen parte de un presente que inevitablemente conecta a Croacia con la Yugoslavia de Tito. En el espacio futbolístico, aquel donde la moral y la política se transmuta en fuerzas emotivas e identidades estéticas, la selección croata es heredera de aquellos años en que el deporte fue elevado como parte fundamental de su identidad. Este legado sin duda contribuyó a la fascinación por el fútbol que hizo de jugadores como Modrić, Mandzukic y Rakitic, genios que permiten dar sentido a la brutalidad de la guerra y reencausar los influjos de la historia en un gesto de belleza y virtud. Atrás queda la correspondencia de Stalin y Tito, la guerra fratricida, el fuego de las bombas y el terror la muerte. Los sutiles encantos de las costas de Split y Dubrovnik podrán inspirar una gesta que emerja como un símbolo de la paz y libertad que en un grito de gol puede por un momento dejar de ser una quimera.

By | 2018-07-11T17:51:31+00:00 Julio 11th, 2018|Nueva Edición|0 Comments

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