ROGER MILLA: EL LLAMADO DEL PRESIDENTE

Por Nicolás Vidal (@nicovidal79)

Chile debuta contra Camerún en la Copa Confederaciones. La Roja de Vidal, Sánchez, Aránguiz y la generación dorada jugará con los campeones de África. Los más jóvenes se acordarán de Samuel Eto’o, pero la historia grande de los Leones Indomables comienza con otro nombre de leyenda: Roger Milla.

Había jugado buena parte de su carrera en equipos de primera y segunda división en Francia. Según él, nunca le pagaron más de 3.000 libras porque era negro y africano. En 1989, con 37 años y ya retirado de su selección, estaba de vuelta en África, abanicándose en la liga de las Islas Reunión (no se preocupen, yo también ignoraba su existencia). Un jugador completamente olvidado. Tal vez dormía una siesta cuando sonó el teléfono, allá en las Islas Reunión. Al otro lado de la línea escuchó la voz de Paul Biya, el Presidente de Camerún, rogándole que se olvidara de su retiro y se pusiera la verde de los Leones para el Mundial de Italia. Un llamado que cambió la historia futbolística de África. Un llamado que, también, marcó la historia política de Camerún.

Ya había convertido el uno a cero, dejando en el suelo a Escobar y Perea para fusilar a Higuita. Octavos de final en Italia 90. Esa Colombia inolvidable del Pibe Valderrama los tiene arrinconados en busca del empate: los once africanos detrás de la mitad de cancha. René Higuita, transformado en líbero, la recibe poco antes del círculo central y la toca con Perea, quien se la devuelve; y ese arquero –valiente, espectacular, el que mejor ha jugado con los pies– lo ve venir corriendo, a Milla, y decide vengarse del golazo que recibió hace pocos minutos, decide engañarlo y moverle la pelota para que el veterano pase de largo, y entonces la pierna derecha de Higuita, creyéndose el Pibe, pisa el balón para enganchar y ganarse los aplausos del mundo, pero Milla –el viejo, el retirado Milla– corre más rápido que un jamaicano y se la pincha en medio de su demostración. Comienza su carrera hacia el arco vacío mientras Higuita lo persigue desesperado, sabiendo que ese momento marcará el resto de su vida. Todo termina con el baile alrededor del banderín con que celebra todos sus goles.

Milla marcó cuatro goles en el Mundial, jugando media hora por partido, y Camerún llegó a los cuartos de final, donde perdió en el tiempo suplementario con Inglaterra. Todo eso a los treinta y ocho años. Nunca antes –ni después– un equipo africano superó esa marca.

Paul Biya, su amigo el Presidente, pasaba momentos complicados. Gobernaba desde el 82, y la oposición presionaba por elecciones. Tuvo que hacerlas, el 92, pero ni el apoyo de Roger Milla fue suficiente para ganarlas sin un escandaloso fraude. Ese año, Biya designó a Milla como director administrativo de la selección, cargo creado especialmente para el ídolo. Nadie sabía bien cuál era su función, pero como cuenta el libro Fútbol contra el enemigo, una de sus gestiones fue organizar partidos de fútbol entre pigmeos para recaudar fondos. Pero los pigmeos eran difíciles de controlar, por lo que tuvo que encerrar a unos ciento veinte en una sala cercana a su oficina. Al mismo tiempo, se las arreglaba para jugar algunos partidos en la liga local.

Parecía broma cuando lo llamaron al Mundial del 94 con cuarenta y dos años, pero Milla se lo tomó en serio e incluso convirtió el gol del honor en la derrota por 6 a 1 contra Rusia. Es el goleador más veterano de la historia de los mundiales. Y fue elegido el mejor futbolista africano de todos los tiempos.

Después continuó trabajando en la selección y también en el Ministerio del Deporte. Su imagen era muy importante para el presidente Biya. Parece una historia vieja, pero todavía la contamos porque Paul Biya sigue siendo –después de 35 años– Presidente de Camerún. Ha hecho algunos plebiscitos donde lo reeligen con sospechosas mayorías. Reprime a sus opositores, se encarniza con los homosexuales, pero al parecer se ha cuidado de no alcanzar los niveles escandalosos de algunos de sus vecinos. Suele pasar un par de meses al año en un lujoso hotel suizo con una delegación de cuarenta personas. Su fortuna se calcula en doscientos millones de dólares, mientras Camerún es uno de los países más pobres del mundo.

Milla comprendió que no podía vivir siempre a la sombra del hombre que lo sacó del retiro. Ya no trabaja para él. Ahora es embajador de la Unicef en Camerún y tiene una activa fundación llamada “Corazón de África”. Sabe que Biya tiene 84 años: no debería faltarle mucho. Varias veces ha confesado que le encantaría ser Presidente.

By | 2017-06-14T12:12:24+00:00 Junio 14th, 2017|Nueva Edición|0 Comments

Leave A Comment