SER BOHEMIO

Por Paulo Flores Salinas*

Villa Crespo, Buenos Aires. Sábado por la mañana y las puertas del estadio León Kolbowski, hogar del club Atlanta, están abiertas. No hay nadie en la entrada ni en la multicancha contigua. Al ingresar se advierten los muros sin pintar que se combinan con otros en azul y amarillo, un par de escudos del club y la célebre consigna Hasta la victoria siempre. Bastan unos cuantos pasos para encontrarse con el campo de juego y un par de tipos conversando sobre la crisis que afecta al fútbol argentino. Uno parece ser un funcionario del recinto; el otro, un hincha local. Inesperadamente, desde la tribuna, otro hincha me da indicaciones por si me animo a subir. Tras un breve recorrido, me acerco y le agradezco su amabilidad. Su nombre es Carlos, tiene 69 años y es de Villa Urquiza. Mientras iniciamos una conversación, saluda a los que van llegando, me presenta a otros hinchas y bromea con jugadores, dirigentes y amigos.

No se juega. Aquella es la sentencia que más ha se ha escuchado en las últimas semanas en Argentina. Sin embargo, hoy se enfrentarán los planteles de Atlanta (Primera B Metropolitana) y Berazategui (Primera C), buscando cierta competitividad en medio de una crisis que mantiene al fútbol argentino en la incertidumbre y sin compromisos oficiales. Carlos, desanimado al momento de hablar del asunto, es categórico: el tema no tiene solución, pero agradece ver jugar a Atlanta, aunque sea en una jornada de amistosos. Los equipos titulares se disponen a iniciar el primer partido, que ni siquiera se juega con indumentaria oficial, mientras Carlos me señala los jugadores que vale la pena seguir.

LA HISTORIA

El Club Atlético Atlanta fue fundado el 12 de octubre de 1904 en el barrio bonaerense de Constitución. Inicialmente, el entusiasmo de sus fundadores no estuvo respaldado por un terreno en donde hacer de local, lo que le significó al club deambular por distintos barrios por casi dos décadas. Floresta, Villa Lugano, Flores, Parque Chacabuco, entre otras, fueron las sedes transitorias de la joven institución antes de asentarse definitivamente, en 1922, en Villa Crespo. El historiador Julio Frydenberg, en Historia Social del Fútbol, afirma que “la búsqueda de un terreno apropiado fue uno de los problemas más serios que debieron afrontar los nuevos clubes, que se veían forzados a peregrinar por distintos barrios hasta conseguir un asentamiento definitivo”. Precisamente, este errar le valió a Atlanta el temprano apodo de “bohemio”.

En aquella época, el club compartió barrio con más de un docena de equipos, entre ellos Chacarita, su rival tradicional, y al cual “sacó” de Villa Crespo a mediados de la década de 1940, lo que le permitió consolidar su posición hegemónica en territorio crespense. En lo deportivo, desde 1931 —año del primer campeonato argentino de la era profesional— hasta 1947, Atlanta se mantuvo en la máxima categoría. Su primera estadía en el ascenso duró un año, sin embargo, volvió a descender en 1952, para lograr un nuevo ascenso cuatro años más tarde. En 1958 logró su único título de Primera, la Copa Suecia, de la mano de un joven Carlos Timoteo Griguol. Dos años más tarde, bajo la presidencia de León Kolbowski, se inauguró el actual estadio con capacidad para 34 mil espectadores. Las décadas de 1960 y 1970 vieron un Atlanta protagonista, siempre en Primera, con grandes jugadores, varios de ellos en el seleccionado local, demostrando gran capacidad de convocatoria y un claro crecimiento institucional. Sin embargo, en 1979 el equipo descendió tras 24 años de permanencia en la élite del fútbol argentino. La década de 1980 fue complicada para el club y su gente; en 1984 el club jugó su última temporada en Primera, y si bien en un principio los problemas financieros pudieron superarse, a la larga la situación económica se volvió crítica: en 1991 el club fue declarado en quiebra, lo que implicó la clausura de sus instalaciones e incluso la suspensión de sus actividades durante algunos meses. En ese contexto, la sede fue vendida y las malas campañas se hicieron frecuentes. En la temporada 2002-2003 Atlanta estuvo cerca de caer a la Primera C (se salvó en la promoción). Sin embargo, a inicios de la década pasada, socios e hinchas bohemios comenzaron una serie de movilizaciones y acciones legales con el objeto de mantener al club con vida. Hoy en día, esa lucha por la recuperación institucional sigue vigente.

DE WINES Y JUDÍOS

De la misma manera en que Atlanta encontró un sitio en Villa Crespo, varias décadas más tarde, el padre de Carlos halló el suyo buscando trabajo. Frente al antiguo estadio aprendió el oficio de peluquero, al mismo tiempo que comenzó a sentir curiosidad por el equipo de azul y amarillo. Luego, comenzó a frecuentar la cancha de Atlanta. Su hijo, por entonces de nueve años, se animó a acompañarlo, y hoy, desde la misma tribuna en la cual pasaron mucho tiempo juntos, lo recuerda con entusiasmo y nostalgia: “mi viejo se ponía muy nervioso y daba patadas, me tenía que sentar delante de él, para evitar que le pegara a otro en la espalda”.

Volvemos al partido. Centro al área de Berazategui que no termina de buena manera para Atlanta. Comento: “era un buen centro”. La respuesta es un rotundo y prolongado “no”. Carlos es fanático de los wines, admira el desborde, el burlar adversarios con pelota dominada, el ganar línea de fondo y el centro atrás. Es un declarado enemigo de los “centros a la olla”, los cuales le parecen demostraciones de la poca inteligencia de los “rústicos”. Se entusiasma y menciona a De Zorzi, Corbatta y Housemann, según él: “tremendos, tipos guapos”, “¡y a los tres les decían locos!”, “luego, vinieron los inventos y sacaron a los wines”, “una locura”, “cambió todo”.

En la tribuna baja del León Kolbowski, hay cientos de apellidos de origen judío inscritos en los respaldos de los asientos. Son testimonios del pasado y el presente de una institución vinculada progresivamente a dicha colectividad. ¿Cómo se gestó esa relación? Pues bien, la comunidad judía de Argentina, la más numerosa de América Latina, comenzó a formarse a fines del siglo XIX, a partir de las olas migratorias provenientes de Europa central y oriental. Precisamente, gran parte de los judíos que llegaron a suelo argentino provenían de territorios pertenecientes al Imperio ruso, situación que determinó el apodo con que usualmente se los reconoce en Argentina: “rusos”. Una vez en Buenos Aires, gran cantidad de judíos se concentró en los barrios porteños de Once y Villa Crespo, lo que los hizo de cierta manera más visibles y asociables al espacio físico en el cual vivían. Más adelante, cuando Atlanta se asentó en Villa Crespo, este ya era denominado por muchos como un barrio judío.

Según el historiador israelí Raanan Rein en Los bohemios de Villa Crespo, para “la primera generación de estos inmigrantes judíos, la pertenencia al club era una forma de convertirse en argentinos […]. Para la generación siguiente, ya nacidos en el país de adopción, listos para agregar un fuerte componente nacional argentino al mosaico de su identidad y buscar una movilidad social que les permitiera ascender, se trató también de una forma de mantener una identidad étnica judía, mientras que para la tercera generación ya se convirtió mayormente en una tradición familiar”. En este sentido, según Rein, desde el punto de vista histórico, el fútbol le ofreció a la comunidad judía, un escenario en el que pudiera afirmar su identidad, pero también integrarse —en sus términos— a la nación argentina.

Sin embargo, Carlos prefiere ca talogar a Atlanta como un club de inmigrantes: “acá también hay muchos gallegos y tanos”, y agrega: “Chacarita también tiene muchos hinchas judíos”. En definitiva, Carlos sostiene que “nos tratan de rusos para cargarnos”. Profundizando en el tema, ejemplifica con dos sucesos. El primero, el lamentable episodio, en 2000, de los jabones lanzados al campo de juego por parte de un sector de la parcialidad de Defensores de Belgrano, que finalmente le valió una sanción. El segundo, una bandera con el lema Yo nazi en Floresta en la barra de All Boys que terminó con otra sanción. Claudio, profesor de historia, librero e hincha de Independiente, y que vivió en Villa Crespo, sostiene una tesis similar. Para él, los rivales de Atlanta utilizan el mote de “ruso”, generalmente acompañado de un insulto, para identificar y denostar a los hinchas bohemios y recuerda un cántico bastante común “dedicado” a la gente de Atlanta, que dice: “Ahí viene Hitler por el callejón, matando judíos para hacer jabón”.

“¿Sos ruso?” Es una pregunta muy común para Luis cuando manifiesta su sentimiento bohemio, pero confiesa que no le incomoda. Este muchacho, de diecinueve años y del barrio de Boedo, reconoce que se hizo de Atlanta por su padre, aunque deja en claro que no existió presión de por medio. Al igual que Carlos y Claudio, Luis destaca el uso del “ruso” como parte del repertorio de los rivales y no necesariamente de la identidad bohemia.

DE LA MAGIA A LA LOCURA

Carlos, por teléfono, le reprocha alegremente a un amigo su ausencia en la tribuna: “andate a ver a All Boys”. Luego, reflexiona sobre lo difícil que es encontrar hoy en día un jugador que ame y sienta sus colores “como los de antes”. “¿Como el garrafa Sánchez?” —le digo. “Uh, claro, como el garrafa, tipazo” responde. De repente exclama: “¡Mágico González!, jugó acá y en Chile. En Atlanta la rompió ese chico”. Le respondo que tengo recuerdos de sus buenas jornadas en Unión San Felipe, pero que le he perdido la pista. No entré en detalles de su campaña en Colo Colo. Sin embargo, no será la única persona que recuerde ese nombre durante esa mañana.

No ha sido una buena jornada para el joven arquero de Berazategui, de quien se rumorea que podría ser el próximo fichaje de Atlanta. Carlos me comenta que los padres del muchacho están presentes. De hecho, están a unos cuantos metros de nosotros. La situación le hace recordar el día en que el célebre Hugo Orlando Gatti, el loco, se probó en el club bohemio. Según Carlos, en esa jornada, al futuro arquero de Boca Juniors y de la selección le metieron once goles: “pero era un tremendo arquero; la que falló fue su defensa, así que lo dejaron”. Sin embargo, no le gusta hablar mucho del extravagante portero. ¿Las razones? Dos: la primera, Gatti, según Carlos, habría pedido dinero para jugar un partido a beneficio; la segunda, “nunca habla de dónde salió”, señala.

VILLA CRESPO EN AZUL Y AMARILLO

Quizás no se pueda hablar de Atlanta sin mencionar Villa Crespo, ni de Villa Crespo sin mencionar a Atlanta. La relación es estrecha entre el colectivo y el espacio físico barrial. Frydenberg afirma que, desde fines de la década de 1920 y comienzos de la década de 1930, ya existían “nombres que designaban a los clubes arquetípicamente a través de apelativos, es decir, mediante adjetivos, pero sin mencionar el nombre del club”. En dicha época, Atlanta ya era conocido como los “bohemios” o los de “Villa Crespo”.

Martín, dueño de un par de tiendas deportivas cuyas cortinas metálicas están pintadas de azul y amarillo, y exhiben el escudo de Atlanta acompañado de mensajes alusivos al club y al barrio, lleva catorce años trabajando en Villa Crespo. Confiesa que estaba alejado del fútbol, pero que se reencontró con él a partir de su arribo a suelo crepense. Poco a poco fue empatizando con los muchachos del club bohemio: “es imposible no sufrir con ellos”, “Atlanta es de esos equipos, a los que siempre le están pasando cosas, sufrien do”. Martín tiene razón y para demostrarlo no hay que hacer grandes esfuerzos. En la última fecha del campeonato pasado de la Primera B Metropolitana, Atlanta recibió al líder Flandria. Entre ellos, solo dos puntos de diferencia. Sin embargo, el partido terminó empatado a cero. Flandria celebró el ascenso a la B Nacional en el mismísimo León Kolbowski.

Cierto día, “los muchachos”, le pidieron autorización para pintar las cortinas y él accedió. Desde entonces, las tiendas lucen un frontis azul y amarillo que armoniza con el alma de Villa Crespo y con el entusiasmo de su propietario. Martín señala que los partidos de Atlanta en el Kolbowski son “una verdadera fiesta” y que desde hace un tiempo asiste junto a su hijo: “hoy, soy un hincha más de Atlanta”.

En calle Humboldt, a un costado del estadio, se encuentra la sede del club. Allí encuentro a Gustavo, un joven dirigente. Mientras presenta las instalaciones, le pregunto sobre la relación del club con el barrio en la actualidad. Gustavo confiesa lo difícil que es mantener y fomentar esa identificación, y motivar a los jóvenes, especialmente después de los episodios vividos desde 1985 en adelante, que incluyen malas campañas, pérdida de socios, clausuras del estadio e incluso la quiebra. Sin embargo, desde el año 2000, cuando comenzaron las marchas para recuperar el club, la gente de Atlanta no ha descansado en sus esfuerzos por levantar al bohemio. El 2007 lograron recuperar la sede, que se encontraba en pésimas condiciones; dos años más tarde, el estadio León Kolbowski volvió a abrir sus puertas después de varias clausuras. En alusión al pasado más alentador de la institución, un Gustavo sonriente señala: “en algún momento, este club tuvo al mismísimo Adolfo Pedernera”.

ATLANTA Y SUS LUCHAS

Alguna vez leí que el fútbol es un punto de partida para conocer aspectos más profundos y complejos del ser humano. En ese sentido, Atlanta, como muchas otras instituciones, es una extensa red de relaciones que presenta sus propias luchas, experiencias, oportunidades y crisis. A su vez, presenta una serie de particularidades con respecto al espacio y los grupos sociales, como su relación con Villa Crespo y la comunidad judía, que han condicionado las visiones internas y externas sobre el club, el barrio y su gente. Pero, también es parte de la lucha interna de algunos de sus hinchas: “Atlanta no es mi club, es mi sanación” dice Carlos. Lo que le da más sentido a esa declaración es que su mujer murió hace cuatro años y que sus hijas se reparten entre Villa Urquiza, Barcelona y Canadá. No lo dice, pero sospecho que no puede alejarse de Atlanta. No me cabe duda de que en el Gran León de Villa Crespo están los recuerdos que, de cierta manera, lo mantienen en la tribuna disfrutando del bohemio partido a partido.

* Profesor de Historia y editor de textos escolares.

By | 2017-04-06T09:01:18+00:00 Abril 5th, 2017|Nueva Edición|3 Comments

3 Comments

  1. Eduardo Abril 6, 2017 at 12:02 - Reply

    Gracias… Muy bueno…

  2. Fabian Abril 8, 2017 at 15:33 - Reply

    Excelente artículo, muchas gracias y arriba el bohemio!!

  3. Sebastián Abril 10, 2017 at 16:42 - Reply

    Excelente artículo. Estás escribiendo muy bien!!!!!

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