UN BORDADO ROJO Y AMARILLO

Por Katherine Becker Bozo*

Mi abuelita Clara es hincha de la Unión Española. Cuando la escucho relatar su vida, entiendo que es más que un equipo; aunque suene a lugar común, es un sentimiento que la ha acompañado durante toda su vida. No sé en qué año nació, eso es secreto de Estado, sólo sé que tiene más de 80 y menos de 90, pero que no sepa que lo conté: me mata.

Su mamá, Antonia, era española e hincha de la Unión. Enviudó joven, cuando mi abuelita era una niña de 8 años, y como no podía hacerse cargo de sus tres hijos y trabajar al mismo tiempo, decidió mandar a Clarita a un hogar de monjas españolas. Largos años de punto cruz y cadeneta, de rosarios y ángelus, y de muchas travesuras. Clarita era muy desordenada, pero las monjas le tenían buena porque era la mejor bordando manteles… y además le gustaba la Unión Española.

Cuando salió del Hogar Español, volvió a su casa en Independencia, cerca del Santa Laura. Sus hermanos eran hinchas acérrimos, iban siempre al estadio. Si la Unión ganaba, tomaban; si perdía, también… y para qué decir si empataban. Clarita, sin embargo, no podía ir al estadio porque tenía que trabajar; si no estaba en la fábrica de confección de ropa, se llevaba los bordados a su casa. Sus hermanos, en cambio, trabajaban en una ferretería y una panadería, ambientes que rebosaban amor por el equipo ibérico, por lo que siempre contaban con el permiso de sus jefes para ir a los partidos.

Clarita se casó con Emilio, quien sería, años más tarde, mi abuelito Emilio. Pero más importante que eso –al menos para esta historia– es que él era fanático de la U. Y eso la volvió tolerante con los hinchas azules, pero ni tanto. Para una final de la Unión con la U me reconoció que le daba lo mismo ver a todos sus nietos tristes: ella quería ser campeona. Y me sorprendió, porque los nietos somos lo más importante para la Clarita. Si hiciera un ranking de sus amores, en el primer lugar habría un quíntuple empate: mi abuelito, la Unión, sus nietos, Camiroaga y el Padre Hurtado. Y en el ranking de odio, ganaría la Católica: la detesta desde que tuvo una pelea con unos hinchas, en la época en que el estadio cruzado estaba en Independencia. Tiene una gran memoria para no olvidar los malos ratos.

Los recién casados siguieron viviendo en Independencia, pero esta vez eran vecinos del Santa Laura: su casa estaba en Avenida Einstein. Y ahí el sentimiento de familiaridad creció, el estadio pasó a ser la extensión del patio. En un principio, podía ver los partidos desde el segundo piso de su casa. Clarita se instalaba en la ventana a disfrutarlos y si iban perdiendo les gritaba: ¡corran, huevones! Incluso, los jugadores la escuchaban y la saludaban a la distancia.

Cuando construyeron la galería norte, se acabó la vista privilegiada, así que tuvo que cambiar su estrategia para ver los partidos. Conversando con los guardias, descubrió que, si llegaba al final del entretiempo, la dejaban entrar gratis; porque una de las cosas que le enseñó su paso por el Hogar Español, fue a cuidar la plata. ¡Qué importaba el primer tiempo si en el segundo se definía todo y ahí estaba la verdadera emoción! Se hizo conocida entre los guardias, que la dejaban pasar sin problema. Mi papá y sus hermanos la acompañaron a la cancha casi desde su nacimiento. Llegaba con el coche y los hinchas los ayudaban a subir por la gradería, dejándolos instalados para disfrutar los 45 minutos restantes. Ella llevaba su termo con café y unas galletas, disfrutaba el espectáculo, a veces gritaba garabatos, pero pocos, porque la gente se ve fea diciendo groserías. A veces, mi tía se aburría, así que Clarita tenía que irse corriendo a dejarla a la casa y volvía al estadio.

Siempre que la escucho hablar de su vida, veo cómo la Unión se fue entretejiendo en cada etapa, como si fueran hilos rojos y amarillos en sus bordados.

Ni sus hijos ni sus nietos salieron de la Unión. Sólo a mi papá le interesaba el futbol, pero se enamoró de la U. Y cuando nacimos nosotros, la verdad es que no teníamos alternativa de ser de otro equipo que no fuera azul: mi papá nos reclutó tempranamente. Pero siempre le he tenido cariño a la Unión Española, siento que también es parte de mi historia. Viví por años en Einstein, al lado del Santa Laura y recuerdo haber escuchado los gritos de gol desde el patio de mi casa. O levantar la mirada y ver esas enormes torres de luz, al otro lado de la pandereta de ladrillos que nos separaba del estadio. Cuando la U jugaba en el Santa Laura, mi papá me llevaba con él, y si me ponía un poco mañosa, iba corriendo a dejarme a la casa y volvía a ver el partido tranquilo.

Cuando era adolescente, mis papás trabajaban fuera de Chile y viajaban mucho, así que mis abuelitos nos iban a cuidar. Mi casa tenía piscina y quedaba cerca del colegio: la combinación más popular para final de año. Yo invitaba a mis compañeros, sabiendo que a ella no le iba a gustar verlos (siempre ha sido profundamente huraña con los desconocidos). Cuando estábamos a su cargo, se sentía demasiado responsable. Además, como buena hija del rigor, prefería que yo estuviera haciendo tareas, en vez de jugando Marco Polo. Siempre que llegaba con gente, nos decía alguna pesadez como: “mijito, de nuevo usted por acá… ¿no tiene casa?”. Y yo me moría de vergüenza y rabia, y sufría intensamente, como se sufre a los 15. Tampoco le podía alegar porque si se enojaba iba a sufrir las consecuencias de la “furia española”, y ahí sí que era mejor arrancar.

Hasta que un día descubrí el antídoto perfecto: decirle a alguno de los presentes que confesara su amor por la Unión Española. Ese descubrimiento mejoró notablemente mi vida social. Ser de la Unión es un pasaje directo al corazón de mi abuelita. Una vez le presenté a un pololo colocolino, pecado grave para ella y para mi familia azul. Así que me preparé para lo que venía y buceé en su árbol genealógico futbolístico hasta encontrarle algún hincha hispano. Apenas se lo presenté, ella le preguntó:

  • ¿De qué equipo eres?
  • Del Colo.
  • Ah no, el Colo es…
  • Pero ojo que su hermano es fanático de la Unión, con bandera en la pieza, camiseta en el closet y todo –intervine yo.

Y le encantó, preguntó cómo se llamaba y muchas cosas más. Desde ese momento, cada vez que veía a mi pololo, le preguntaba por su hermano Rodrigo y le mandaba saludos. Si a la Unión le iba bien y yo hablaba con ella, me avisaba para que lo comentara con mi otrora cuñado.

Mi abuelita enviudó hace unos años, y una de sus pequeñas rebeliones fue llenar el living de muñecas, esas mismas que no tuvo durante su infancia en el Hogar Español. Le pidió a mi hermano que le pintara un chancho Juanito (ese típico amarillo que popularizaron los Chancho en Piedra), con la camiseta de la Unión Española. Siempre lo muestra llena de orgullo, es de sus favoritos y está sentado en un sofá para él solo, no como las otras muñecas, que comparten espacio. En la entrada de su departamento pegó un poster de la Unión Española campeón 2013. Todavía no le perdona al Coto Sierra haberse ido al Colo: antes lo amaba profundamente y ahora lo encuentra un traidor, así que lo cortó de la foto. Todos los fines de semana me lo comenta en nuestro almuerzo sagrado de los sábados. Su cabeza funciona a la perfección, pero a veces entra en unos loops propios de la edad. Y yo la escucho contarme las mismas anécdotas, hacerme las mismas interrogantes, recordar a las mismas personas que ya no están, hablarme de mi abuelito con esa nostalgia que da haber compartido la vida por 60 años, y me da terror no tenerla o que su mente se empiece a perder en esas tinieblas de la repetición. Pero todo eso se me olvida cuando me pregunta por los resultados de los otros partidos de la fecha, y la miro haciendo cálculos sobre la posición en la tabla en que quedarán los hispanos. Y ahí veo a su equipo como hilos rojos y amarillos, que la tienen anclada al presente, que no la dejan hundirse en los recuerdos y la repetición. Y doy las gracias por tenerla a ella acá y ahora, y por haber podido encontrar estas hebras que me han permitido ir hilvanando su vida con la mía.

 

* Conductora del programa “Las Claves del Éxito” en Radio Qué Leo.

By | 2017-04-21T12:15:47+00:00 Enero 17th, 2017|Edición Anterior|22 Comments

22 Comments

  1. Claudia Enero 17, 2017 at 21:27 - Reply

    Me encantó tu historia. Me alegro que conserves esos gratos recuerdos con tu abuela. Le voy a contar dijiste que tiene entre 80 y 90 años!

    • Katy Becker Enero 20, 2017 at 09:36 - Reply

      Jajajaja, nooo, ¡me mata!

  2. Emilio III Enero 17, 2017 at 22:02 - Reply

    Que lindo relato!
    Recordaba que la tía Clari era fanática, pero no la historia que había atrás.

  3. Alvaro Cabreira Enero 18, 2017 at 00:26 - Reply

    Excelente artículo, siempre es placer para un hincha rojo leer historias como esta, quizás porque no tenemos una cantidad taaan grande de hinchas es bonito conocer la historia de alguno y más si es así de “chora”. Saludos a tu abuelita de parte de un hincha rojo y gracias a ti por compartir esta linda historia 🙂

    • Katy Becker Enero 20, 2017 at 09:36 - Reply

      Muchas gracias <3

  4. Richter Enero 18, 2017 at 01:07 - Reply

    Uuff asi somos los hinchas de union fanaticos a morir no de ir mucho al estadio pero fanaticos,gran relato .

  5. Álvaro Enero 18, 2017 at 08:27 - Reply

    Muy linda historia!

  6. Juan Enero 18, 2017 at 10:12 - Reply

    Hermoso relato … soy hincha de la Unión, nacido y criado en el barrio Independencia. Dale un gran abrazo a tu abuela de mi parte.

    • Katy Becker Enero 20, 2017 at 10:05 - Reply

      Mañana se lo daré, muchas gracias 🙂

  7. Cesar Enero 18, 2017 at 16:34 - Reply

    Yo no alcancé a conocer a ninguna de mis abuelas, pero las imagino así! Linda historia!

    • Katy Becker Enero 20, 2017 at 10:00 - Reply

      Gracias, he sido muy afortunada por tener abuelitos <3

  8. Luis Enero 19, 2017 at 14:48 - Reply

    Que hermoso relato. Grande union!

    • Katy Becker Enero 20, 2017 at 10:01 - Reply

      ¡Muchas gracias!

  9. Cristóbal Enero 19, 2017 at 22:30 - Reply

    Encuentro muy emocionante la historia y que entretenido debe ser tener una abuela que te cuente historias y con tanta pasion por la Union.

    Mi abuela sigue aca, pero su mente se fue hace muños años. Por eso hay que aprovechar cada momento con los mayores.

  10. Cristian Vizcaya Enero 20, 2017 at 00:13 - Reply

    Enhorabuena!!. Precioso, bien escrito, emocionante.
    Los que sentimos esa misma pasión por Unión, aquellos que no solo vamos sagradamente a Santa Laura, sino que donde quiera que juguemos, lo agradecemos profundamente.
    Es verdad, las alegrías y las frustraciones vividas han forjado el carácter de muchos. Conozco muchos hinchas de Unión, y todos son grandes tipos.
    Sólo nos podemos comprometer con la abuela Clara, a que cada uno de nuestros hijos y nietos abracen ese “orgullo de generaciones” que significa ser de Unión.
    Un abrazo a todos, felicitaciones a la autora.

  11. Claudio Enero 21, 2017 at 05:53 - Reply

    Linda historia. Me recordó en algo a mi abuelo, hincha de Unión por la “herencia” hispana, aunque actualmente no sepa ni quién es el DT. Siempre que lo voy a visitar con mi camiseta puesta, de Colo-Colo obviamente, me huevea de “indio”. Pero es algo sano, de abuelo a nieto. Por él en el fondo tengo algo de cariño por la Unión, como él dice. Porque es “la Unión”, no hay más.

  12. Andrea Diaz Enero 23, 2017 at 11:44 - Reply

    Hermosa la historia de la abuelita Clara, esa pasión de vida envidiable.

  13. Mati Olivares Abril 5, 2017 at 16:59 - Reply

    Muy buena historia… sienpte emocionante, el futbol es una ñasion con locura muy dificil de explicar a quien no la ah vivido pero esto se le acerca mucho, soy del wanderers hincha a morir de los panzers y estoy seguro que cuando llegue la edad de lo unico que hablare sera del amor por los colores, nos vemos este domingo en el estadio, muy buena historia

  14. Carlos Civit Julio 24, 2017 at 20:53 - Reply

    Esta linda historia la hemos subido a la pàgina o grupo en Facebook ” Somos de la gloriosa Uniòn Española ”
    Saludos a Clarita de la Furia Roja !!

    • Katy Becker Septiembre 4, 2017 at 17:22 - Reply

      qué orgullo. Muchas gracias 🙂

  15. María Teresa Julio 24, 2017 at 23:27 - Reply

    Me emocioné con tu relato. Lo compartiré con mi familia, hincha de la Unión Española. Un saludo cariñoso para tu hermosa abuela.

    • Katy Becker Septiembre 4, 2017 at 17:22 - Reply

      Muchas gracias <3

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