UN GOL EN HONOR DE MARÍA PÍA CASTRO

Por Vanessa Vargas

A sus 19 años, María Pía Castro ya había deslumbrado a buena parte de la V Región con su talento. La joven vivía la pasión del fútbol a concho, mostrando lo mejor de sus condiciones naturales dentro de la cancha y también fuera de ella, como seguidora incondicional de su amado Colo-Colo.

Vistió por seis años la camiseta de Municipal Limache, logrando junto a sus compañeras un bicampeonato y un total de tres copas. También jugó por los clubes quillotanos de San Lorenzo de Boco, Cajón de San Pedro y Unión Católica, mientras que en Olmué se abrió camino en El Venado, Montevideo y Juventud Narváez. Nadie podía poner en duda su destellante habilidad y amor por el balón.

El DT Luis Aparicio contó que recibieron la noticia de la aparición de su cuerpo en la cuesta El Pangal, mientras se encontraban en Ovalle, con el equipo femenino de Municipal Limache. Ahí participaban de un campeonato donde fueron descalificadas, después de ganar 4 a 1 con ocho jugadoras.

Aparicio decidió transmitir la molestia del plantel y la propia jugadora, según consignó Olmué Noticias en la nota más completa acerca de su despedida:

“Quizás Pía quiso que estuviéramos acá para despedirla, ya que fueron descalificadas por secretaría por un supuesta mala inscripción”.

Compañeras de todos los clubes en los que jugó fueron a acompañarla por última vez. También asistieron los dirigentes deportivos y autoridades comunales, además de Mario Vásquez, conocido como “el chico Piña”, quien la entrenó desde pequeña. Horas antes la habían velado junto a un altar improvisado donde se ubicaron sus botines, medallas y fotos de sus múltiples equipos, junto a la imagen de Matías Fernández en el Colo-Colo 2006 y una camiseta con el 10 extendido sobre el ataúd.

María Pía había anotado el tercer gol en el reciente campeonato femenino de Peñalolén, frente al Club Mirador, donde junto a Municipal Limache lograron el tercer puesto. Todo ello hizo meritorio el homenaje póstumo en el Estadio Gustavo Ocaranza, con la presencia de las delegaciones deportivas de la zona.

En el lugar, las jugadoras del albirrojo anotaron un gol simbólico en su honor y entonaron cantos y gritos para celebrarla. Más tarde, en el Cementerio Parroquial de Limache, Luis Aparicio pasó la lista nombrándola por última vez, provocando un estruendoso “¡presente!” al unísono.

Habían apagado el camino de una estrella que soñaba con ser seleccionada nacional algún día y trabajaba duro para conseguirlo. A más de alguno había enfurecido siendo una destacada futbolista lesbiana, una identidad que aún es digerida con dificultad en las ciudades rurales de Chile. Pero ella no les temía y no tenía nada que esconder, caminaba por las calles sin ocultar ninguna de sus pasiones.

A María Pía le dieron dos golpes contundentes en el cráneo y luego quemaron su cuerpo para abandonarla en un sitio eriazo, entre colchones. No se pudo descartar la violación debido al estado en que la encontraron los bomberos que llegaron al lugar.

El caso se cerró sin imputados en abril de 2010 y en diciembre de este año podría prescribir. Su familia pidió reabrir la investigación en abril pasado e insistir en la búsqueda de justicia. Las acciones coincidieron con las diligencias realizadas en el marco del crimen de Nicole Saavedra, otra joven lesbiana asesinada en la misma ciudad hace un año. Otra historia que repite el peligro de la impunidad, la lógica de naturalizar las vidas de mujeres extinguidas por culpables anónimos.

En los camarines en los que estuvo María Pía su orientación sexual nunca fue un problema. Entre mujeres, el amor lésbico acapara complicidad y comprensión, no se constituye como un conflicto que motive zancadillas mezquinas. Las jugadoras no son expulsadas al mostrarse como son y, como dijo la arquera Christiane Endler en una reciente entrevista, la situación “no es tema y no debería serlo en ninguna parte (…) que cada uno haga lo que le hace feliz”. Al mismo tiempo, la meta reconoció que no se vive de la misma forma en el fútbol masculino.

Mientras, muchas otras jugadoras siguen brillando como alguna vez lo hizo María Pía. Cada vez son más las que le hacen una finta a las imposiciones del patriarcado, dominando el balón y desafiando las posibilidades de ser, sin límites. Sin disimular ni agachar la cabeza, con el orgullo intacto. En todas ellas, los sueños asfixiados de la joven limachina reviven y toman vuelo para despegar otra vez.

By | 2017-12-17T21:49:32+00:00 Diciembre 17th, 2017|Nueva Edición|0 Comments

Leave A Comment